Se acerca el momento de la Ascensión del Señor a la diestra de Dios Padre. Antes de partir Jesús da inicio a un largo discurso de despedida; y a las preguntashechas por Tomás y Felipe responde con nuevas y sorprendentes revelaciones sobre su filiación divina, y su unión con el Padre. Jesús es la revelación del Padre (Jn 14, 1-12).
Jesús ve a sus discípulos abatidos, por eso los reafirma en su fe: «Que no tiemble vuestro corazón. Creed en Dios y creed también en Mí».
Jesús se va a prepararles, y prepararnos a todos nosotros, un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas. Porque Él está en el Padre y el Padre en Él. Y, por eso, quien lo ve a Él ve al Padre, lo cual quiere decir que Él, Jesús, es el único caminopara entrar en el misterio de un Dios Padre, para conocerlo y para ir a Él. «Quien me ha visto a Mí, ha visto al Padre».
Ser cristiano es, pues, antes que nada, creer en Jesús, creerle y confiar en Él. Es conocerlo y seguirlo. Es poder decir desde la propia experiencia que Jesús es el camino, la verdad y la vida. Y esto es posible si tenemos una mirada iluminada por la fe.
Y en estos tiempos de confusión e incertidumbrecuánto necesitamos, más allá del miedo a la muerte, pensar y soñar en lo que seremos, en las cosas que veremos, en lo que Dios tiene preparado para los que lo aman, en ser semejantes a Él y verlo tal cual es, en la ciudad santa, la Nueva Jerusalén, que baja del cielo de Dios, resplandeciente con la gloria de Dios.
Soñar en las cosas de arriba mientras caminamos hacia la gloria de la cual goza nuestra Madre, la Virgen María. Soñar en el final de los tiempos cuando Jesús venga en toda su gloria, con todos sus ángeles. Soñaren cómo serán las bodas del Cordero y en estar ante el trono del Cordero. Soñar despiertos en ver un día a Dios, en mirarlo cara a cara, porque en la casa del Padre hay muchas moradas y Jesús ascendió al cielo a prepararnos una, pues Él mismo lo ha prometido, de modo que donde Él esté, estaremos también nosotros.
Pensar y soñar, porque como lo leemos en el Apocalipsis: Y oí una fuerte voz que decía desde el trono: Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos y ellos serán su pueblo y Él, Dios con ellos, será su Dios. Y enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá muerte ni llanto, ni gritos ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado (Ap. 21 Biblia de Jerusalén).
Hermanos: cuando nos sentimos tan frágiles, y hasta desconcertados, es cuando más deberíamos pensar en el cielo, en la morada que el Señor Jesús subió a preparar para nosotros.
Pensar y soñar en ver y gozar de Dios: Qué buen programa de vida para nosotros hombres y mujeres de fe en el amor de Dios, más allá de cualquier amenaza de enfermedad y de muerte.
Pero no lo olvidemos: ser cristiano es creer en Jesús, es parecerse a Jesús; es amar y servir como Éllo hizo.
*Padre Carlos Marín G.
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