Pasar al contenido principal
#277518

Continúa la CXX Asamblea del Episcopado con diagnóstico de la vida sacerdotal en Colombia

11 de febrero de 2026
658

Con un ejercicio de análisis de la realidad del presbiterio en Colombia y un trabajo de discernimiento pastoral por regiones, inició este 9 de febrero la CXX Asamblea Plenaria del Episcopado Colombiano.La primera jornada estuvo marcada por la escucha, la reflexión conjunta y la búsqueda de orientaciones que fortalezcan la vida y el ministerio sacerdotal, en medio de los desafíos sociales, culturales y eclesiales que vive el país.

 

La Eucaristía: el ministerio ordenado en clave comunitaria y misionera

 

La jornada inició con la Eucaristía presidida por monseñor Gabriel Ángel Villa Vahos, arzobispo de Tunja y vicepresidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, quien en su homilía subrayó que el ministerio ordenado tiene una forma radicalmente comunitaria. Recordó que ningún presbítero vive su misión de manera aislada, sino en comunión con otros, caminando juntos en corresponsabilidad pastoral.

 

Retomando el Documento de Aparecida, monseñor Villa Vahos insistió en que la Iglesia está llamada a pasar de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera, y afirmó que el verdadero templo es la vida humana. En este sentido, hizo un llamado a cuidar la dignidad de cada persona, especialmente en una Colombia marcada por la violencia y el sufrimiento, fortaleciendo la fraternidad presbiteral, la fidelidad a la llamada recibida y una formación permanente que sostenga la misión evangelizadora.

 

Esperanza, cuidado y fidelidad en clave de comunión

 

Durante la instalación oficial de la Asamblea, el presidente de la Conferencia Episcopal de Colombia, monseñor Francisco Javier Múnera Correa, invitó a ser una Iglesia capaz de ofrecer esperanza y orientación ética en medio de las violencias, exclusiones y sufrimientos que vive el país.

 

El Arzobispo de Cartagena insistió en la necesidad de reavivar la esperanza en los presbiterios como vínculos de comunión para vivir la fidelidad en el servicio, la fraternidad y la misión. Asimismo, reiteró el compromiso de la Iglesia colombiana con la opción preferencial por los pobres, la cultura del cuidado, la prevención de abusos y la atención prioritaria a las víctimas.

 

Un diagnóstico a la luz de la realidad y de la Palabra

 

Durante la plenaria, la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada presentó un diagnóstico sobre la situación de los presbíteros en Colombia y otros contextos del mundo, a partir de dos encuestas aplicadas desde noviembre de 2025 a sacerdotes y obispos del país.

 

El padre Juan Manuel Beltrán Urrea, sacerdote de la Diócesis de Zipaquirá y miembro del Departamento de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada, explicó que este ejercicio permitió identificar “lo que alegra la vida de los sacerdotes, lo que la entristece, lo que preocupa y lo que hoy necesitan”, ofreciendo elementos concretos para orientar la pastoral presbiteral.

 

Según los resultados, la vida espiritual, la oración, el servicio pastoral y las relaciones fraternas aparecen como fuentes centrales de sentido y motivación; mientras que la soledad, el aislamiento, las presiones del contexto y las fragilidad humana emergen como desafíos que requieren acompañamiento y formación permanente.

 

Contextos que impactan y que interpelan a la misión

 

Al profundizar en la lectura pastoral de este diagnóstico, monseñor Luis Augusto Campos Flórez, obispo de Socorro y San Gil y presidente de la Comisión Episcopal de Ministerios Ordenados y Vida Consagrada, subrayó que los presbíteros viven su ministerio en medio de “un contexto amplio y complejo: cultural, relacional, de profundas transformaciones en el campo religioso y, en el caso de Colombia, marcado por la conflictividad, las tensiones y las polarizaciones”.

 

Señaló que esta realidad impacta la vida de los presbiterios, pero también representa una oportunidad para incidir evangélicamente en ella. En este sentido, destacó que uno de los propósitos centrales de la Asamblea es “identificar líneas claras para la formación permanente de los sacerdotes”, a la luz de la Palabra de Dios y de los aportes recogidos en las encuestas.

 

Desde una lectura bíblica inspirada en san Pablo, monseñor Campos recordó que la vocación sacerdotal es, ante todo, un don: “No es un proyecto propio ni una conquista personal, es un don del Señor para ser donado, vivido en actitud de entrega”. Al mismo tiempo, afirmó que los ministros ordenados están llamados a acoger “el Espíritu de fortaleza y de ánimo que el Señor nos regala”, para vivir la misión con fidelidad y alegría.

 

Trabajo por regiones: escuchar, compartir y proyectar

 

En horas de la tarde, la Asamblea avanzó en un trabajo por grupos regionales, integrados por dos provincias eclesiásticas cada uno. Tres preguntas orientaron este ejercicio: los asuntos vitales que más preocupan en los presbiterios, las experiencias que han dado buenos frutos y las iniciativas que podrían implementarse en las jurisdicciones.

 

El padre Juan Manuel Muñoz Guerra, vicario general de la Diócesis de Magangué, destacó que este espacio permitió identificar como asunto central “el fortalecimiento de la vida espiritual del sacerdote”, así como la necesidad de una formación permanente que incluya la dirección espiritual en todas las etapas de la vida ministerial. También subrayó la importancia de acompañar situaciones de soledad y aislamiento, y de cuidar la salud física y mental de los presbíteros.


Desde la Arquidiócesis de Florencia, el padre Ariel Torres Hansen, delegado de la Pastoral Sacerdotal, afirmó que uno de los grandes retos compartidos es crecer en la fraternidad sacerdotal: “En la medida en que caminamos todos hacia el corazón de Cristo, nos vamos encontrando entre nosotros y nos descubrimos hermanos”.

 

Por su parte, el padre Andrés Felipe Suárez Cubillos, delegado de Pastoral Presbiteral de la Arquidiócesis de Ibagué, destacó la cercanía del obispo como un elemento clave que dinamiza la vida presbiteral y su proyección hacia las comunidades.

 

Un camino que apenas comienza

 

La primera jornada de la CXX Asamblea Plenaria dejó claro que el diagnóstico presentado no es un punto de llegada, sino un punto de partida. A lo largo de la semana, los obispos profundizarán estas reflexiones para delinear orientaciones pastorales que ayuden a construir presbiterios más sinodales, fraternos y misioneros, capaces de vivir el ministerio ordenado con fidelidad, alegría y esperanza al servicio del pueblo de Dios en Colombia.

Fuente:
Conferencia Episcopal de Colombia
Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Noticias relacionadas