Una parroquia que abre puertas: Fe, comunidad y renovación en el sur de Bogotá

En el suroriente de Bogotá, la parroquia San Juan Bautista de la Salle se levanta no solo como un templo, sino como una historia viva de fe tejida durante años. Ubicada en la carrera 11A No. 28A-30, acogiendo la comunidad de los barrios Country Sur y El Sosiego, ha sido, por décadas, un punto de encuentro espiritual para cientos de familias.

Hoy vive un tiempo de renovación, que se suma, con respeto y gratitud, a un camino pastoral sólido, construido por generaciones de sacerdotes y laicos comprometidos.
El actual párroco, el padre Jesús Arroyave Restrepo, lo reconoce con claridad: lo que hoy florece es fruto de una herencia bien sembrada.
El legado que sostiene la vida parroquial
Cada rincón de esta parroquia, erigida el 9 de mayo de 1970, habla del trabajo de quienes han vivido y compartido su fe en este lugar. Los grupos consolidados, la organización de los ministerios, la vida comunitaria, incluso la belleza del templo, son expresión de una labor paciente y sostenida.
Las pequeñas comunidades de evangelización, fruto del modelo-proceso pastoral SINE (Sistema Integral de Nueva Evangelización), son una de las columnas más fuertes de esta parroquia. Durante años han llevado la fe a las casas, tejiendo vínculos que han permitido que el Evangelio se encarne en la vida cotidiana de las personas, precisa el párroco.


El sacerdote también destaca el aporte de comunidades religiosas, como la Congregación de las Hijas de la Sabiduría; las Hermanas Carmelitas Teresas de San José con el colegio El Carmen Teresiano; entre otras congregaciones religiosas presentes en estas más de cinco décadas de historia pastoral y evangelizadora, que han enriquecido la vida espiritual del sector.
Nada de lo que hoy ocurre es improvisado. Todo tiene raíces, enfatiza.
Una comunidad viva que acoge la novedad
La parroquia ha comenzado a dar nuevos pasos. La llegada del padre Arroyave, hace poco más de un año, ha significado un impulso renovador que responde a los desafíos actuales de la evangelización al tiempo que fortalece el camino ya recorrido.
“Es una parroquia muy viva”, afirma. Y esa vitalidad se percibe en la disposición de sus fieles, en la cantidad de grupos, en el deseo constante de servir.
La renovación aquí nace desde dentro, desde la misma comunidad que propone, que sueña, que se atreve a dar nuevos pasos.

Evangelizar hoy: abrir puertas en una ciudad que cambia
Esta zona de la capital colombiana, como gran parte de la ciudad, vive transformaciones profundas. En sectores tradicionalmente estables, hoy aparecen dinámicas nuevas: población flotante, familias en tránsito, personas que han tomado distancia de la Iglesia.
Ante esta realidad social y pastoral, la apuesta de la parroquia se ha centrado en ser un lugar de acogida, un punto de partida para quienes desean —o necesitan— reencontrarse con la fe.
Inspirados en una Iglesia que dialoga, en constante actitud misionera, se han abierto espacios distintos: actividades deportivas, encuentros recreativos, caminatas... Lugares donde la fe se propone desde la cercanía. Y allí, poco a poco, muchos han vuelto.
Jóvenes: esperanza que crece
Uno de los rasgos más significativos de esta comunidad es su vínculo con el colegio parroquial que lleva su mismo nombre. Este lazo ha permitido que la parroquia sea también un espacio privilegiado para el acompañamiento de niños y jóvenes.
No es solo formación académica. Es un proceso integral donde se anuncia el Evangelio con gestos concretos: cercanía, respeto, alegría.
Con gozo y expectativa pastoral, el padre Jesús afirma que los grupos juveniles han crecido; las pequeñas comunidades se han rejuvenecido; y nuevas iniciativas han comenzado a tomar forma. La pastoral juvenil aquí es parte esencial de su identidad.
Tradición que se proyecta: nuevos lenguajes para el mismo Evangelio
Entre los signos de esta renovación destaca la creación del ministerio de evangelización digital. Una iniciativa reciente que busca llevar el mensaje de Cristo a los espacios donde hoy habitan muchas personas: las redes sociales, los entornos virtuales.
“Si bien el mensaje es el mismo: Cristo nos ama, Cristo ha muerto por nosotros y ha resucitado, se tiene que traducir a nuevos lenguajes, a nuevas formas, a nuevos medios”, explica el párroco.
Agrega que lo significativo es que estas propuestas surgen como respuesta a una necesidad concreta, leída en comunidad. Y que están lideradas, en gran parte, por jóvenes, con el apoyo de otros servidores.
“Abrir las puertas a que entren personas nuevas que puedan aportar es un desafío para el párroco, es un desafío también para los grupos que ya están constituidos, porque quiere decir que llegan ideas nuevas; pero esa es la iglesia y pienso que nos está beneficiando dentro de la evangelización de la parroquia San Juan Bautista de la Salle”.
Una Iglesia sostenida por muchas manos y corazones
Más de 60 agentes de evangelización, junto a múltiples ministerios y grupos, sostienen la vida pastoral de la parroquia. A ellos se suman familias, líderes comunitarios y tantas personas que, desde distintos lugares, hacen posible la misión. El padre Eurípides Rey Silva, un hombre de muchos años de servicio a la Iglesia, apoya la labor pastoral como vicario parroquial.
Es una comunidad donde cada aporte cuenta; donde la fe se construye entre todos.

Celebrar la fe, vivir como hermanos
La vida parroquial no se limita a los espacios formales. Se expresa también en la alegría compartida. La reciente celebración de la Pascua, con más de 700 personas reunidas en un almuerzo comunitario, es reflejo de una Iglesia que entiende la fraternidad como parte esencial del anuncio.
Lo mismo ocurrió en la fiesta patronal, celebrada el 12 de abril, coincidiendo con la Fiesta de la Divina Misericordia, vivida como un verdadero encuentro de familia: con la presencia del cardenal Luis José Rueda Aparicio, de expárrocos, sacerdotes, religiosos y fieles compartiendo desde la gratitud.

Allí se hizo visible algo fundamental: esta parroquia no olvida su historia. La honra.
Una espiritualidad que educa con paciencia
El sello de san Juan Bautista de la Salle sigue marcando el corazón de esta comunidad: educar con paciencia, evangelizar con amor, corregir con el ejemplo.
Es una espiritualidad que no grita, pero transforma. Que apuesta por procesos más que por resultados inmediatos. Y que encuentra en los jóvenes su campo privilegiado de misión.
Una obra que mira al cielo
Entre los proyectos que se vislumbran está la construcción de una nueva capilla para la adoración del Santísimo, un espacio que responda al creciente deseo de oración en la comunidad.
“La gente está desarrollando un gran amor por este tipo de adoración, y es fundamental la disponibilidad de la Iglesia para abrir espacios que ellos puedan utilizar para orar todo el tiempo (…) Vamos poco a poco, la gente está contenta, expectante, y quiere ver cómo será esa obra y yo también” … Será un nuevo capítulo en esta historia de fe de esta comunidad.
Una doble misión: párroco y rector
Paralelo a su servicio pastoral como párroco, el padre Jesús Arroyave ha asumido también la rectoría del colegio San Juan Bautista de la Salle, perteneciente al Sistema Educativo de la Arquidiócesis de Bogotá (SEAB), con cerca de 500 estudiantes. Un desafío que reconoce con humildad, pero que ha ido abrazando gracias al apoyo de docentes, jóvenes y familias.
Más que una carga, se ha convertido en una extensión natural de su misión. Acompañar procesos de crecimiento, ver florecer vidas, caminar con una comunidad que enseña tanto como recibe, anima y fortalece su ministerio y vocación.

El camino de una parroquia con raíces
Esta es una comunidad que entiende que la renovación auténtica implica el equilibrio entre memoria y futuro; y desde allí sigue construyendo, día a día, una Iglesia viva.
A continuación, el padre Jesús Arroyave amplía detalles de esta caminar pastoral:
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