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Iglesia católica en Bogotá impulsa programa de atención para mujeres con diferentes tipos de adicciones

15 de octubre de 2026
Iglesia católica en Bogotá impulsa programa de atención para mujeres con diferentes tipos de adicciones.

El dolor humano no da espera. Detrás de una adicción pueden haber heridas profundas, historias de violencia, rupturas familiares y vidas que necesitan una nueva oportunidad. Frente a esta realidad, la Iglesia católica en Bogotá busca dar un paso más en su compromiso de acompañar a quienes atraviesan situaciones de sufrimiento; afrentas a su dignidad humana.

Se trata de 'Talita Kumi —Mujer, levántate—', un programa de atención terapéutica para mujeres con adicciones a sustancias psicoactivas, adicciones comportamentales o situaciones de vulnerabilidad que requieren acompañamiento para sanar y reconstruir su proyecto de vida. La iniciativa es adelantada por el equipo de la Fundación Domus Colombia, desde la comunidad de acompañamiento Efata, en articulación con la Pastoral de Prevención y Acompañamiento en Adicciones de la Arquidiócesis de Bogotá, bajo el liderazgo del padre Jorge Eliécer Arias Toro, coordinador arquidiocesano del Cuidado de la Dignidad Humana, de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral.

La propuesta nace de una experiencia de acompañamiento que durante años ha estado centrada en hombres con problemas de adicción y del reconocimiento de que las mujeres requieren una atención que considere sus realidades particulares. El propósito es ofrecerles un entorno de acogida, acompañamiento profesional y crecimiento espiritual en el que puedan recuperar la confianza en sí mismas y descubrir que su historia no está definida por el consumo ni por las circunstancias que las han herido.

"La preocupación de la Iglesia ha sido siempre la persona, particularmente el hombre, la mujer heridos del camino...", explicó el padre Jorge Eliécer, al tiempo que insistió en que la respuesta pastoral no puede limitarse a observar el sufrimiento: debe salir al encuentro de quienes necesitan ayuda y propiciar oportunidades concretas de recuperación.

 

 

Cuando la realidad interpela la misión pastoral

'Talita Kumi', partiendo de las particularidades del acompañamiento terapéutico femenino, busca responder a una realidad en la que las adicciones pueden estar relacionadas con múltiples factores: violencia intrafamiliar, maltrato, abusos, pobreza, hacinamiento, desigualdades de género, desprotección familiar y fragilidad emocional, entre otros.

Estas circunstancias no explican por sí solas cada historia de consumo, pero evidencian la necesidad de una atención que vaya más allá de la conducta adictiva y permita comprender las experiencias, necesidades y condiciones de vida de cada mujer, explicó el sacerdote, agregando que: "reconocemos que si bien hay algunos aspectos que resultan comunes de manera general, existen características específicas según cada persona. Observamos, además, que, por cuestiones particulares de género, debíamos realizar consideraciones específicas en el abordaje terapéutico".

En este sentido, el programa no estará dirigido únicamente a quienes presentan dependencia de sustancias psicoactivas. También contempla a mujeres con adicciones comportamentales y a aquellas que atraviesan situaciones de vulnerabilidad y necesitan acompañamiento para sanar aspectos de su vida. La población que será acogida comprende mujeres a partir de los 18 años. Se tendrán en cuenta los criterios de ingreso y las capacidades de atención.

La propuesta no sustituye la atención clínica especializada que requieren las personas con patologías psiquiátricas severas u otras condiciones que superen el alcance del modelo. Por el contrario, reconoce la importancia de ofrecer un acompañamiento acorde con las necesidades de cada caso.

 

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Una realidad que exige atención

Las cifras disponibles permiten dimensionar parte del desafío. De acuerdo con el censo de habitantes de calle de 2024, citado por el sacerdote, en Bogotá se registraron aproximadamente 995 mujeres en situación de calle. Sin embargo, esta cifra no representa a todas las mujeres que enfrentan problemas de consumo en la ciudad, pues deja por fuera a quienes continúan viviendo en sus hogares o en otros entornos. Por eso, advierte el padre Jorge, la situación requiere atención antes de que las condiciones de vulnerabilidad se profundicen.

Ante este panorama, la respuesta de la Iglesia busca reconocer a cada mujer en su dignidad, sin reducirla a su adicción ni a su pasado.

La apuesta es acompañarla en un proceso que le permita comprender su historia, fortalecer sus capacidades y recuperar la posibilidad de tomar decisiones para su futuro.

 

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Proceso integral para reconstruir el proyecto de vida

El programa 'Talita Kumi' propone un enfoque biopsicosocial y espiritual, con acompañamiento personalizado y una perspectiva multidisciplinaria. La atención contempla la participación de profesionales en psicología, terapeutas en adicciones y educadoras, junto con el acompañamiento espiritual.

Más que centrarse exclusivamente en el abandono del consumo o de una conducta adictiva, el proceso busca comprender las causas que llevaron a establecer esa relación de dependencia, reconocer las heridas que necesitan atención y desarrollar herramientas para sostener una vida diferente.

 

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Los objetivos generales y fases de acompañamiento del Programa Efata que orienta esta propuesta, en el caso de 'Talita Kumi' son:

1. Comprender cuáles fueron las causas que la llevaron a establecer una relación de dependencia y/o adicción (sustancias, comportamientos, etcétera), a través de iniciar un proceso en el que se considera el diagnóstico como una herramienta fundamental para orientar el accionar terapéutico. La persona ingresa a un nuevo círculo donde recibe estímulos desde diferentes lugares y personas para dar una nueva mirada a lo que “está siendo y lo que está haciendo”. Esto genera, se explica desde el programa, un desarrollo en la capacidad para distinguir entre lo que ya no le es útil ni necesario y lo que le es verdaderamente beneficioso, productivo, construyendo así su propio proyecto de vida.

2. Alcanzar la ausencia de deseo del objeto (sustancia o comportamiento) que lo liga a la adicción. Para ello se propone un itinerario por fases, etapas: En la primera etapa se trabaja con el diagnóstico junto a un proceso paralelo de toma de consciencia. Luego, viene la desintoxicación; en esta etapa también se realiza una evaluación familiar, laboral, educacional y social. Las sucesivas etapas se continúan con la reflexión, aprendizaje, integración e interacción, conexión con el cuerpo, con otras maneras de pensar, de entrenarse, de razonar, de vincularse, de tomar información, de calificar el tiempo como creativo, de aprender a vivir el día a día.

 

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3. Un nuevo estilo de vida es el horizonte de la propuesta: mujeres integradas, resilientes, valientes capaces de amarse y de amar .

El proyecto ya arranco, precisó el padre Jorge Eliécer: "Ya estamos visualizando el espacio, y si Dios y san José nos permite, en enero 2027 estaríamos iniciando con las primeras mujeres. Las cosas de Dios no se postergan porque Él allana caminos y estamos seguros que la generosidad de muchos nos permitirá lograr la meta de comprar la finca y de adaptarla".

"Para nuestro programa, lo más importante es ayudar a estas mujeres a enamorarse de su sobriedad, a protegerla y cuidarla como a la niña de sus ojos".

La recuperación, desde esta perspectiva, no termina con la interrupción del consumo. El horizonte es alcanzar una mayor autonomía, fortalecer las redes de apoyo y desarrollar un proyecto de vida que pueda sostenerse en el tiempo.

‘Mujer, levántate, porque eres preciosa para Dios’

El nombre de la iniciativa recoge uno de los gestos más conmovedores del Evangelio. En Marcos 5,41, Jesús toma de la mano a la hija de Jairo y le dice: «Talita kum», expresión que el evangelista traduce como «Muchacha, a ti te digo, levántate».

En medio del dolor de una familia que cree haberlo perdido todo, Jesús se acerca, toma la mano de la niña y la llama a la vida. Este encuentro inspira la identidad del programa: una invitación a reconocer que ninguna persona pierde su dignidad por las heridas que lleva, las decisiones que ha tomado o las circunstancias que atraviesa.

El lema «Mujer, levántate, porque eres preciosa para Dios» expresa ese llamado a recuperar la esperanza. No se trata de desconocer la complejidad de las adicciones ni de prometer soluciones inmediatas, sino de ofrecer un acompañamiento que una la atención profesional, la cercanía humana y la fe.

Para la Iglesia, esta misión implica caminar junto a cada mujer, escuchar su historia sin prejuicios y ayudarla a descubrir capacidades y posibilidades que quizá las experiencias de sufrimiento han hecho difíciles de reconocer. 

'Talita Kumi' quiere ser, precisamente, un espacio donde ese llamado del Evangelio se traduzca en acciones concretas: acogida, tratamiento, formación, acompañamiento espiritual y oportunidades para comenzar de nuevo.

 

'Un millón de amigos' para transformar vidas

El proyecto ya se encuentra en marcha y uno de sus principales desafíos es conseguir y adecuar el espacio físico donde funcionará el programa. La meta es contar con una finca en Silvania (Cundinamarca), que permita desarrollar las distintas fases de acompañamiento en un entorno apropiado para la atención de las mujeres.

 

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La invitación es a que personas, familias, comunidades parroquiales, empresas y organizaciones se sumen a este esfuerzo solidario.

La campaña también recuerda que la recuperación de una persona no es una tarea individual. Requiere acompañamiento, oportunidades, redes de apoyo y una sociedad capaz de mirar más allá del estigma para reconocer la dignidad de quien necesita ayuda.

Sumarse a ‘Un millón de amigos’ es ayudar a abrir las puertas de una casa donde las mujeres puedan recibir atención, sanar sus heridas y construir un nuevo proyecto de vida.


Únete a este sueño siendo parte de este millón de amigos, anima la Iglesia católica en la capital.

 

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Detrás de cada aporte hay una posibilidad concreta de acompañar una historia, sostener una esperanza y ayudar a que una mujer vuelva a levantarse.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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