Encuentro nacional orienta proyección y fortalecimiento de la Pastoral de la Salud en Bogotá

Acompañar a una persona enferma va mucho más allá de atender sus necesidades físicas. Implica reconocer su dignidad, escuchar sus preocupaciones, sostener a su familia y hacerse presente en los momentos de mayor fragilidad. Esta comprensión del cuidado estuvo en el centro del XXII Encuentro Nacional de Delegados Diocesanos de Pastoral de la Salud, realizado en el Centro Camiliano de Humanización y Pastoral de la Salud, en Bogotá.
La jornada reunió a representantes de 21 jurisdicciones eclesiásticas del país entre sacerdotes, religiosas y laicos, en un espacio de formación, reflexión e intercambio de experiencias sobre los desafíos actuales de esta pastoral, que encuentra en hospitales, clínicas, parroquias y hogares, escenarios fundamentales para hacer visible la cercanía y la misericordia.
Organizado por el padre Luis Eduardo Pérez, M.I., director del Centro Camiliano y coordinador nacional de Pastoral de la Salud, junto con su equipo de trabajo, el encuentro desarrollado el 28 y 29 de octubre propició dos días de reflexión académica y ejercicios experienciales para fortalecer las capacidades de quienes acompañan a las personas que atraviesan situaciones de enfermedad y a sus familias.

Humanizar el cuidado
Uno de los principales énfasis de la jornada fue comprender el servicio de los animadores de Pastoral de la Salud en el contexto de una Iglesia sinodal, a partir del método ver, juzgar y actuar. Esta perspectiva permitió reconocer la necesidad de escuchar las realidades de los enfermos, discernir los desafíos que plantea el contexto actual y generar respuestas pastorales pertinentes.
La reflexión también abordó los fundamentos de la Doctrina Social de la Iglesia en perspectiva de humanización de la salud, a cargo de monseñor Juan Carlos Barreto, obispo de Soacha y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social-Cáritas Colombia. A ello se sumaron los aportes sobre atención primaria, presentados por el doctor José Fernando Martínez, del Ministerio de Salud, y los fundamentos bioéticos, antropológicos y psicopedagógicos que orientan el acompañamiento pastoral.
La experiencia de humanización a través del arte del clown, bajo la orientación de la doctora Luz Adriana Neira, aportó otra mirada sobre las posibilidades de acercarse al sufrimiento desde la esperanza, la creatividad y la sensibilidad humana. Asimismo, los informes de las delegaciones permitieron compartir experiencias y reconocer prácticas que enriquecen el servicio en los distintos territorios.
Más que una actualización de conocimientos, estos espacios ofrecieron herramientas para comprender la enfermedad desde una perspectiva integral, en la que la dimensión física, emocional, espiritual, familiar y social de cada persona merece atención y cuidado.
Una pastoral articulada y cercana a las familias
Tatiana Gonzales, asistente de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral de la Arquidiócesis de Bogotá, en esta oportunidad fue la encargada compartir la experiencia de trabajo articulado que se adelanta entre capellanes y servidores comprometidos con la Pastoral de la Salud en la capital colombiana.
Actualmente, la Arquidiócesis cuenta con un equipo de 26 sacerdotes y laicos que prestan este servicio en hospitales y clínicas. A este servicio se suma el acompañamiento que se desarrolla desde las vicarías territoriales y las parroquias, donde comunidades y animadores de esta pastoral se hacen presentes ante las necesidades de las personas enfermas y sus familias.
A partir de los aprendizajes del encuentro nacional, la coordinación arquidiocesana identifica varias líneas de acción para fortalecer este servicio. Una de ellas es consolidar la articulación con el Centro Camiliano, especialmente en procesos de formación y actualización dirigidos a sacerdotes y laicos, de manera que los agentes pastorales cuenten con mayores herramientas para responder a las realidades que encuentran en su labor cotidiana.
Otro desafío es profundizar en un acompañamiento integral que no se limite a la persona enferma, sino que incluya a su familia y contribuya a su desarrollo humano. Esto supone fortalecer las capacidades para acompañar tanto en los ambientes hospitalarios como en los hogares, mediante herramientas pedagógicas y metodológicas que permitan responder a las particularidades de cada situación.
La formación antropológica también representa un aporte fundamental. Comprender al ser humano en sus distintas dimensiones permite abordar con mayor sensibilidad el proceso de enfermedad, el cuidado al final de la vida y las situaciones de fragilidad. En este horizonte, la escucha, la presencia sacerdotal y la capacidad de sostener a quien atraviesa el dolor adquieren un valor especial.

Iglesia e instituciones de salud: una alianza al servicio de la dignidad humana
Entre los retos que deja esta experiencia está también el fortalecimiento del trabajo conjunto entre la Iglesia y las instituciones de salud. Para ello, resulta necesario conocer las políticas que orientan el sistema sanitario, comprender sus alcances y reconocer los espacios en los que la acción pastoral puede aportar, desde su identidad y naturaleza, al bienestar de las personas.
Esta relación abre oportunidades para contribuir a la humanización de los ambientes hospitalarios y promover una atención en la que la dignidad humana no pierda su lugar frente a los procedimientos, diagnósticos y tratamientos. La presencia de la Iglesia, desde la escucha y el acompañamiento espiritual, puede ayudar a que los pacientes y sus familias encuentren cercanía, consuelo y esperanza en medio de la incertidumbre:
“Cuidar también es reconocer al otro en su dignidad, permanecer a su lado cuando más lo necesita y hacerle sentir que no está solo. En ese compromiso, la Pastoral de la Salud encuentra una forma concreta de expresar el rostro samaritano de la Iglesia”.

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