Centro Obrero, 75 años tejiendo dignidad y esperanza en la capital colombiana

Entre risas, abrazos, memoria agradecida y manos que durante décadas han aprendido a bordar, pintar, tejer, cultivar la esperanza y volver a empezar, el Centro Obrero celebró su septuagésimo quinto aniversario, reafirmando su compromiso de continuar fortaleciendo su vocación de acogida, formación y promoción de la dignidad humana.

La conmemoración, realizada en la sede principal ubicada en la Fundación Universitaria Monserrate —Unimonserrate—, reunió a cientos de adultos mayores, voluntarios, docentes y servidores pastorales en una jornada marcada por la gratitud y la memoria.
La celebración tuvo como centro la Eucaristía presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, quien destacó la huella evangelizadora y humana de esta obra arquidiocesana que, de la mano de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral, continúa proyectándose.
Fundado en mayo de 1951, el Centro Obrero nació como lugar de capacitación básica para la sociedad obrera del momento, especialmente para la mujer, a quien se brindó formación en manualidades y expresiones artísticas; al tiempo que se adelantó un acompañamiento espiritual y pastoral. Entre el 2013 y 2014, esta obra de responsabilidad social fue asumida por esta Arquidiócesis, a través de la Fundación Universitaria Monserrate.
Es así como, décadas después de su nacimiento, el Centro Obrero se ha convertido en un lugar de encuentro, formación y acompañamiento integral para sus beneficiarios —personas adultas y de la tercera edad—, quienes cada sábado encuentran mucho más que un curso: descubren una familia.
“Nacimos para el encuentro”
Durante su homilía, el cardenal Rueda describió al Centro Obrero como una obra que “permite el encuentro”, dignifica a través del trabajo y ayuda a sanar el corazón.
“Los seres humanos nacimos para el encuentro, no para la soledad, no para el aislamiento”, explicó ante una asamblea que reconocía en sus palabras lo que esta obra ha hecho en la vida de cada uno de ellos.

Para el purpurado, la experiencia que viven los participantes cada semana tiene un profundo sentido humano y espiritual: “Cuando uno se encuentra con otras personas, sale con mayores riquezas después del encuentro”.
El cardenal también destacó el valor del trabajo manual y artístico que allí realizan los adultos mayores. “Cuando uno trabaja con sus manos, sus ojos, su cerebro y su corazón, se dignifica”, afirmó, recordando la enseñanza de san Benito, máxima benedictina: "Ora et labora" (Reza y trabaja). En este sentido, precisó: el Centro Obrero también “sana y santifica”.
Refiriéndose a los desafíos de la vida diaria, con cercanía pastoral y lenguaje sencillo, invitó a los asistentes a no dejarse vencer por la tristeza ni la melancolía.
“Tristeza y melancolía… lejos de la casa mía”, repitieron en coro decenas de participantes, mientras el cardenal Luis José les pedía “alejar de su vida” todo aquello que robe la alegría.
“El que cree nunca está solo”, insistió citando al papa Benedicto XVI, en una homilía marcada por la esperanza y la valoración de la vejez como etapa fecunda de la vida.
Una obra de fe y servicio que sigue transformando vidas
Cada sábado, desde la una hasta las cinco de la tarde, las instalaciones del Centro Obrero, tanto en su sede principal -en la Unimonserrate-, como en la ubicada en el barrio El Claret, localidad Rafael Uribe Uribe (sede sur) se llenan de color y movimiento, en torno al aprendizaje. 89 cursos entre manualidades, tejidos, alfabetización, danzas, guitarra, inglés y fortalecimiento corporal hacen parte de la oferta formativa integral.

Sin embargo, quienes llegan hacía estas instalaciones aseguran que el mayor aprendizaje no está únicamente en las técnicas u oficios aprendidos, sino en el valor de sentirse escuchados, acompañados y valorados; con nuevas oportunidades en el momento de vida que transitan.

José Efraín Romero Luna, de 81 años, viaja desde Mochuelo, en la zona rural de Ciudad Bolívar. Hoy elabora camándulas, manillas y denarios, algo que jamás imaginó aprender. “El Centro Obrero me ha permitido aprender un arte que inicialmente era desconocido para mí”, cuenta emocionado.
Desde el mismo sector rural llega Blanca Refugio Gómez, de 74 años, quien resume su experiencia en una frase sencilla pero contundente: “Me ha aportado enseñanzas y aprendizajes para poder salir adelante”.
Para Gladys Sierra Alonso, de 63 años y residente del barrio Tejar, el Centro Obrero se convirtió en un refugio emocional. “Me distrae y me hace olvidar de muchas cosas”, dice mientras habla de sus clases de velas y camándulas.
La experiencia también toca profundamente a quienes descubren allí un nuevo sentido para el tiempo libre. Flor Alba Moreno, pensionada y habitante de Nueva Villa Mayor, asegura que el taller de bordado en cinta “ha sido una experiencia transformadora”.
“Lo más valioso ha sido el encuentro con maestras admirables y con personas maravillosas que se han convertido en una verdadera familia”, afirma.


La fuerza silenciosa de las mujeres
La historia del Centro Obrero ha estado marcada especialmente por las mujeres. Muchas de ellas encontraron allí oportunidades que la vida les negó en su juventud.
Amparo Mantilla, de 62 años, recuerda que cuando era joven tuvo que trabajar para ayudar a su familia y no pudo estudiar. Hoy aprende bordados, pijamas y bolsos. “Estoy muy contenta con las clases. Las profesoras nos tienen paciencia y nos dedican tiempo”, expresa con gratitud.
Angélica Parra, de Bosa, destaca que el verdadero valor del Centro Obrero va más allá de aprender manualidades. “Uno puede aprender cosas por internet, pero eso no se compara con compartir con otras compañeras”, señala.
En la sede sur —abierta en 2023 en el Colegio Parroquial Inmaculado Corazón de María— esa experiencia comunitaria también florece. Allí participan cerca de 110 personas, en su mayoría mujeres, entre los 40 y 60 años, provenientes de lugares cercanos a El Claret y a la zona de Villa Mayor. También se ha vinculado comunidad de Soacha, El Perdomo, Bosa y Ciudad Bolívar.
El legado de Barbarita

La celebración incluyó un homenaje especial a Barbarita, una de las benefactoras de esta obra social, quien hace parte de las personas que donaron el terreno para la Unión Social. Ella fue reconocida por su liderazgo y servicio generoso hacia la población obrera y hacia el adulto mayor.
Su nombre fue destacado como símbolo de entrega silenciosa y perseverante. Ha sido una mujer que ayudó a sembrar una iniciativa que hoy sigue dando frutos en miles de vidas.


Voluntarios que sirven con compromiso y nunca detienen su aprendizaje
Con cerca de mil beneficiarios y el apoyo de más de 80 voluntarios, de los cuales un importante porcentaje son estudiantes que se vinculan en su adultez y permanecen por años formándose y enseñando, el Centro Obrero trasciende la concepción de programa social.
Es un lugar donde, de manera especial, el adulto mayor vuelve a sentirse valorado; donde el arte se convierte en terapia; donde la fe se vive en comunidad y donde cada sábado se confirma que nunca es tarde para aprender, compartir y volver a sonreír.

Mayores informes sobre esta obra e inscripciones:
Sede Principal:
Email: direcciondepastoral@unimonserrate.edu.co
Telf.: 6013902202 ext.1205
Sede sur:
Email: dllohumanoi@arquibogota.org.co
Telf.: 6013505511 ext. 1106 - 1105
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