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Editorial

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Obispos, sacerdotes, religiosas: a escuchar

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Despierta
El Sínodo, que se realiza actualmente en todos los niveles de la Iglesia por iniciativa del papa Francisco quiere ser, sobre todo, un gran ejercicio de escucha

Y se sobreentiende, de escucha por parte de los que generalmente llevan la palabra en la Iglesia, que son los obispos, los sacerdotes, las religiosas. La llevan porque su misión es pastorear, orientar, indicar caminos. Pero la llevan también porque con el paso de los años y los siglos se ha creado una cultura muy fuerte de lo que suele llamarse clericalismo y que le da al clero, o este la asume, la tarea de manejarlo todo en la Iglesia.

No será un ejercicio para nada fácil, por dos motivos especialmente: el primero es que sacerdotes y religiosas han sido formados para hablar siempre. El segundo es que los laicos han sido formados para escuchar. Y no será tan fácil que de la noche a la mañana aquellos callen y estos hablen. Pero hay que intentarlo.

Quizá este ejercicio de juiciosa escucha requiera una gran dosis de humildad por parte del clero y las religiosas, pero también mucha paciencia y aguante pues ya desde las primeras reuniones se empiezan a escuchar quejas importantes y serias que sin duda incomodan. Incluso, es posible que al dar la palabra al laicado y a personas externas a la Iglesia se traspasen ciertas líneas de respeto y consideración, pero también para eso hay que estar preparados y poner la mejilla cuantas veces sea necesario.

Pero no será suficiente escuchar. Tiene que darse desde ya una sana actitud que permita vislumbrar cambios en la Iglesia en muchos aspectos. Sería un error muy grande que se diera la palabra a los que pocas veces la tienen y que al final del día todo lo que ellos digan caiga en el vacío. Incluso cuando los obispos y sacerdotes y las religiosas hablen y se muestren en desacuerdo con aspectos de la vida eclesial, sus voces deben ser tomadas muy en serio o se generará una gran frustración con sus debidas consecuencias. En los sistemas muy grandes y antiguos, como lo es la Iglesia católica, nada es más difícil que introducir cambios importantes, aunque todos perciban su urgencia y necesidad.

Como telón de fondo de todo este ejercicio de escucha convocado por el papa Francisco debería estar siempre lo que Jesús hizo frente al judaísmo antiguo. Él se dedicó a escuchar a la gente, a enterarse de sus angustias y frustraciones, de los obstáculos que tenían por parte del sistema para vivir plenamente su fe, a descubrir la obstinación de los dirigentes religiosos encerrados en su mundo autorreferencial.

Jesús percibió con toda claridad la necesidad espiritual del pueblo creyente y la autosuficiencia de la aristocracia religiosa. No dudó en dar nuevos pasos, en hacer las cosas de otra manera, en llamar a todas las personas a nuevos modos de relacionarse con Dios. No quiso aplastar a nadie, pero sí estremecerlos a todos y a todo el sistema religioso.

Teniendo en cuenta la situación actual de la Iglesia en el mundo entero, si este Sínodo de escucha profunda no la estremece hasta en sus raíces más hondas, el esfuerzo habrá sido en vano. No perdemos la esperanza de que así sea, pero somos cautos en crear demasiadas expectativas.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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