Tolerar es respetar. Benito Juárez afirmó: “El respeto al derecho ajeno, es la paz”. Y este es el fundamento de la tolerancia, el respeto. Hay que entender la tolerancia como respeto y consideración hacia la diferencia, como una disposición a admitir en los demás una manera de ser y de obrar distinta a la propia, esto es, una actitud de aceptación del pluralismo, de la diversidad, de las diferencias individuales.
La tolerancia, es ante todo respeto por la otra persona, por su forma de ser, por su forma de pensar, es reconocimiento de que nadie puede ser la medida de los demás.
Por falta de tolerancia agredimos al otro, lo maltratamos y violentamos. Quizá por esto el mundo es tan violento en estos tiempos. La virtud de la sana tolerancia es un valor indispensable para la convivencia. No es posible convivir con personas intolerantes.
LA TOLERANCIA IMPLICA COMPRENSIÓN. Un marido tolera a su esposa cuando sabe y comprende que es una persona con las características propias de su género que la hacen distinta a él y no se desesperará por su manera de ser tan distinta a la suya. Un Padre tolera a su hijo cuando sabe y acepta las características propias de un niño. Un bebé, por ejemplo, no tiene otro lenguaje diferente al llanto, esto hay que comprenderlo y por lo tanto en vez de maltratarlo, o desesperarse por su llanto, hay que saber traducir ese llanto para descubrir qué es lo que necesita, ahí entra en juego la tolerancia y también la paciencia, porque la TOLERANCIA TAMBIÉN ES SEÑAL DE PACIENCIA.
La paciencia genera capacidad para esperar, para escuchar con tranquilidad y en paz. No hay que desesperarse porque haya que hacer fila para esperar el turno. No hay que desesperarse porque alguien que necesita desahogarse, cuente su problema con detalles a quien le ha tomado confianza y estima. No hay que impacientarse porque haya que cumplir normas. El desespero es intolerancia que lleva a la violencia.
Un matrimonio, un noviazgo, una amistad, un negocio, pueden acabarse por intolerancia, incomprensión, falta de respeto y ausencia de paciencia.
Un maestro, como auténtico pedagogo, puede practicar la tolerancia si comprende a sus estudiantes, conoce las características propias de su desarrollo, su situación económica, sus fortalezas y debilidades, si comprende sus sentimientos, emociones, intereses, anhelos y sueños, esto lo lleva a tenerles paciencia para no insultarlos, ni subvalorarlos, sino más bien para buscar las estrategias apropiadas para lograr en ellos el aprendizaje, de acuerdo con sus diferencias individuales.
En la vida diaria hay que practicar la tolerancia. Un ciudadano tolera a sus congéneres cuando aprende a moverse entre la apretujada multitud sin impaciencia, a mirar a los demás sin etiquetarlos y a no culpar a nadie de lo que le pasa.
La tolerancia es fundamental en las relaciones humanas, tolera quien deja pensar, crear, y creer libremente , quien ama en la diferencia y acoge en la diversidad sin discriminar, quien confronta las ideas sin violencia, hace oposición con respeto y es sereno ante el desacuerdo, quien ayuda a construir la verdad entre todos y antes que rechazar prefiere dialogar.
Si practicamos la sana tolerancia, seremos personas respetuosas, comprensivas, pacientes y serenas y, esta clase de personas las necesita nuestra sociedad para instaurar el REINADO DE DIOS que es de paz, armonía y fraternidad.
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Fuente: El Catolicismo
Betuel Cano / Profesional en ética y valores, 13 de diciembre de 2010