07 de junio de 2007.
“...Deseamos que Aparecida reafirme la evangélica opción preferencial por los pobres y de apoyo claro a las Comunidades Eclesiales de Base”.
1. Alabando a Dios, Señor de la historia, por la bendición de participar en la V Conferencia General del Episcopado de América Latina y del Caribe, tiempo de gracia que el Espíritu Santo suscita para nuestras Iglesias, nosotros, presbíteros, queremos agradecer las palabras cariñosas e incentivadotas que el Santo Padre, el papa Benedicto XVI nos dirigió el sábado 12, rezando con nosotros el rosario, y después en el discurso inaugural el día 13 de mayo pasado; agradecemos la invitación para participar de la Conferencia de Aparecida y también nos declaramos agradecidos por el ambiente fraterno de este gran momento eclesial.
2. Aprovechamos esta oportunidad para expresar, con humildad y transparencia, nuestras expectativas. Ellas son muchas. Queremos resaltar algunas que nos son muy queridas:
- Esperamos que la Conferencia de Aparecida asuma e incorpore la riqueza del camino recorrido desde la Conferencia de Río de Janeiro, pasando por Medellín, Puebla y Santo Domingo. Estas etapas de la historia de nuestras Iglesias significaron, y continúan significando, para millares de presbíteros una fuente viva de entusiasmo pastoral.
- En este sentido deseamos que Aparecida reafirme la evangélica opción preferencial por los pobres y de apoyo claro a las Comunidades Eclesiales de Base.
- Queremos que América Latina y el Caribe sean, como nos dijo el Papa Benedicto XVI, no solo el Continente de la Esperanza , sino también el Continente del Amor. Que esta indicación sea el hilo conductor de un discipulado fructuoso para todos nosotros, presbíteros. Deseamos que la V Conferencia nos dirija una palabra clara y animadora sobre lo que significa hoy en día ser presbítero, discípulo y misionero de Jesucristo en América Latina. Esperamos que esta palabra de ánimo, nos anime a una verdadera conversión con relación a nuestros hermanos laicos y laicas, en el sentido de trabajar por la construcción de una Iglesia menos clerical y mas ministerial.
- Por fin, esperamos que estos deseos nuestros sean acompañados por la solicitud pastoral de nuestros obispos como apoyo a una Pastoral Presbiteral que nos ayude en nuestra vida y ministerio al servicio del Pueblo de Dios.
3. Expresamos algunas de nuestras preocupaciones. Ciertamente muchos de ustedes las comparten:
- Muchos de nuestros presbíteros se muestran cansados, aislados y sin entusiasmo en el ministerio. Nos preocupa sobre todo el clero joven. Nos parece que le falta formación adecuada para la acción pastoral, el trabajo en equipo, la mentalidad de pertenencia a la Iglesia local y para una actitud humilde de ser maestro de la fe. A muchos la sobrecarga de trabajo los lleva al activismo.
- Manifestamos nuestra aprehensión por lo que nos parece una tendencia reduccionista de identificar al laicado con los movimientos eclesiales. Reconocemos la riqueza que los movimientos representan para la Iglesia, pero queremos recordar a los millones de hermanos y hermanas bautizados dedicados en nuestras diócesis, parroquias, comunidades, pastorales y servicios ministeriales.
4. Reconocemos claramente los desafíos que se presentan a nuestro ministerio de presbíteros y citamos algunos:
- En el cambio de época que vivimos, cómo enfocar la Pastoral Presbiteral como acompañamiento solícito a nuestros hermanos presbíteros, pensamos especialmente en aquellos que se dedican al complejo mundo urbano.
- Nos declaramos solidarios con nuestros hermanos obispos en la preocupación con la Pastoral Vocacional, mostrándonos interesados en la formación y perseverancia de los futuros presbíteros.
- Sentimos como verdadero desafío la necesidad de transformar las estructuras parroquiales para que se tornen realmente evangelizadoras y misioneras.
5. Animados por la esperanza, expresamos nuestra alegría y gratitud a Dios por las conquistas de nuestro camino presbiteral. En este sentido deseamos resaltar la Pastoral Presbiteral, que con persistencia desea despertar en cada padre la llama del discipulado y de la misionalidad. Vemos con alegría en nuestras Iglesias, esparcidas por el Continente, la generosa donación y el testimonio al servicio al Pueblo de Dios, sobretodo de los más pobres, de tantos hermanos presbíteros.
6. Con la gracia y la misericordia de Dios queremos asumir el compromiso de llevar a nuestras parroquias y comunidades las Conclusiones de esta V Conferencia. Que la Virgen Aparecida nos ayude a hacernos cada vez más discípulos y misioneros de Jesucristo en América Latina y en el Caribe, para que en Él nuestros pueblos tengan vida.
Señor Jesús, ¡ ven y envíanos!
María de Aparecida, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros. Amén.