¿Qué es el agua bendita, para qué sirve y cómo debe usarse en la Iglesia Católica

Pero también uno de los más incomprendidos. Para el P. Luis Ayala Falla, sacerdote de la Arquidiócesis de Lima y exorcista, este sacramental ocupa un lugar central en la vida cristiana.
Según el Catecismo, los sacramentales “son signos sagrados con los que, imitando de alguna manera a los sacramentos, se expresan efectos, sobre todo espirituales, obtenidos por la intercesión de la Iglesia. Por ellos, los hombres se disponen a recibir el efecto principal de los sacramentos y se santifican las diversas circunstancias de la vida”.
En una reciente entrevista concedida a ACI Prensa, el sacerdote, quien sirve en la Parroquia San Lucas, en el distrito limeño de Pueblo Libre, recordó que “la Iglesia considera importante el uso del agua bendita porque, en primer lugar, nos recuerda nuestro Bautismo y el llamado constante a la santificación”.
“El agua nos recuerda el modo de purificarnos constantemente y de renovar nuestra vida de gracia. En el Bautismo, el agua comunica la gracia santificante y, por eso, el agua bendita nos recuerda esa gracia que estamos llamados a renovar constantemente en el Señor”, sostiene.
El P. Ayala subraya que el “agua bendita tiene su base en la Palabra de Dios y en la Sagrada Escritura”.
También recuerda la enseñanza de Santo Tomás de Aquino. El Doctor de la Iglesia señala que este sacramental “dispone al alma para los sacramentos, quitando los obstáculos, a semejanza del agua bautismal”.
“El agua bendita está ordenada contra las asechanzas del demonio y contra el pecado. Sirve como defensa frente al asalto externo del demonio y, siempre que exista arrepentimiento, puede incluso perdonar los pecados veniales”, explica el sacerdote.
La sal: símbolo de incorruptibilidad y protección espiritual
Uno de los elementos tradicionales en la bendición del agua es la sal. Según explica el exorcista, esta tiene un profundo significado espiritual. “La sal simboliza la preservación contra la corrupción y la protección frente al mal”, afirma.
Este signo se basa en el relato bíblico del profeta Eliseo, quien purificó unas aguas contaminadas usando sal. Además, representa la sabiduría cristiana y el llamado de la fe a la incorruptibilidad. “La fe está llamada a la incorruptibilidad y la sal simboliza esa vida nueva en Dios, propia de quienes han sido bautizados para vivir en estado de gracia”, añade.
Un sacramental con diversas formas de bendición
El P. Ayala destaca que el agua bendita es un “sacramental poderoso para la protección espiritual y para recordar la santificación del cristiano”. Existen diversas formas de bendición dentro de la Iglesia.
Entre ellas, resalta la bendición del agua durante la Vigilia Pascual, en el Sábado Santo, cuando el sacerdote consagra el agua que se utilizará para los bautismos. “Esta agua consagrada puede contener algunas gotas de crisma, lo que recuerda el sello indeleble que Dios imprime en los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y el Orden sacerdotal”, explica.
También menciona la bendición del agua en la fuente bautismal, así como la existencia del “agua exorcizada, que es el agua que se usa para hacer bendiciones de liberación y también los exorcismos”. Finalmente, está el agua bendita común, empleada para bendecir hogares o rociar a los fieles, por ejemplo durante la misa, como recuerdo del Bautismo.
Tres tipos de agua bendita
De este modo, el sacerdote identifica tres tipos principales: el agua consagrada, que se utiliza en celebraciones litúrgicas específicas para expresar la entrega total a Dios; el agua exorcizada, empleada como signo de protección espiritual y de rechazo del mal mediante oraciones de exorcismo; y el agua bendita común, usada habitualmente por los fieles para persignarse, bendecir personas, hogares y objetos, y para recordar el Bautismo. “Todas ellas nos recuerdan nuestra santificación y nuestro llamado constante a la lucha contra el mal”, afirma.
Evitar supersticiones y usos mágicos
Sin embargo, el exorcista advierte sobre el riesgo de caer en interpretaciones erróneas. “Es fundamental evitar cualquier forma de superstición o de uso mágico del agua bendita”, enfatiza.
“No es un amuleto ni una pócima. Es un signo sacramental que recuerda el Bautismo y ayuda a la santificación de la vida cristiana”, afirma. Al santiguarse con agua bendita, al entrar a la iglesia o al finalizar el día, el fiel expresa su deseo de purificación y de protección espiritual, confiando siempre en la gracia de Dios.
Un llamado a redescubrir su valor espiritual
Finalmente, el P. Ayala invita a redescubrir la importancia del agua bendita como un medio para fortalecer la fe, purificar el alma y combatir la tentación. “La tentación no existe para hacernos caer, sino para manifestar nuestra fidelidad a Dios”, señala.
Así como el agua es indispensable para la vida, también lo es Dios para el ser humano. “Sin Él no podemos vivir. Como dice Jesús: ‘Sin mí no podéis hacer nada’”, recuerda.
“Que el uso del agua bendita sea siempre”, concluye, “un signo vivo del recuerdo de nuestro Bautismo y del camino de santificación al que estamos llamados”.
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