En su mensaje para la XII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el Santo Padre reafirma el compromiso de la Iglesia católica de combatir este flagelo. También agradece a quienes sirven con delicadeza y consideración al acercarse a las víctimas de la trata, incluidas las redes y organizaciones internacionales.
“Renuevo firmemente la urgente llamada de la Iglesia a afrontar y poner fin a este grave crimen contra la humanidad”. Con estas palabras vigorosas el Papa León XIV se dirige a todos los fieles en su mensaje con motivo de la XII Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, que se celebra el domingo 8 de febrero de 2026 con una amplia serie de actividades en Roma, promovidas por una red de instituciones católicas y civiles. Entre ellas, religiosas y laicos comprometidos en la lucha contra la trata participarán en el rezo mariano del Ángelus con el Pontífice el 8 a las 12:00 (hora de Roma).
La paz como camino de humanidad renovada
En su texto para esta Jornada, cuyo lema es “La paz comienza con la dignidad: una llamada global a poner fin a la trata de personas”, el Santo Padre evoca el saludo del Cristo Resucitado -“La paz esté con ustedes”- para subrayar que no se trata de una simple fórmula de cortesía. “Estas palabras -observa el Pontífice- son más que un saludo; ofrecen un camino hacia una humanidad renovada”, y precisa que “la verdadera paz comienza con el reconocimiento y la protección de la dignidad que Dios ha dado a cada persona”.
La tentación de la violencia y la lógica del dominio
No obstante, en un tiempo marcado por una violencia creciente, el Papa constata que muchos se sienten tentados a buscar la paz a través de las armas, como condición para afirmar el propio dominio. Una reflexión que ya había planteado en su discurso al Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede, el pasado 9 de enero.
En este contexto, advierte que en situaciones de conflicto la pérdida de vidas humanas es “con demasiada frecuencia desestimada por los promotores de la guerra como un ‘daño colateral’, sacrificada en la persecución de intereses políticos o económicos”.
En su mensaje, León XIV lamenta que “la misma lógica de dominio y desprecio por la vida humana alimenta también el flagelo de la trata de personas”.
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