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 "El conocimiento es un antídoto contra las  «creencias de lujo» en la educación"

30 de junio de 2026
 "El conocimiento es un antídoto contra las «creencias» de lujo en la educación"

Por: Ana Zarzalejos Vicens | Aceprensa.


En los debates educativos hay palabras que parecen haber adquirido una autoridad incontestable: Innovación, competencias, inclusión, motivación, bienestar emocional. Quien las cuestiona corre el riesgo de ser presentado como un nostálgico de la escuela autoritaria o como un enemigo del progreso. Sin embargo, cada vez son más las voces que sostienen que el problema de la educación occidental no es la falta de reformas, sino precisamente el tipo de reformas que se han aplicado durante las últimas décadas.

 

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Gregorio Luri, durante la presentación del libro (mayo 2026) Foto: CEU.

 

Entre esas voces destaca la de Gregorio Luri. En la presentación de su libro Pedagogismo, escrito junto al matemático y profesor universitario Fausto di Biase, el filósofo y pedagogo catalán resumió su visión de la educación, que desafía muchos de los lugares comunes dominantes. Para Luri, la educación constituye el principal mecanismo de transmisión cultural y, por tanto, el fundamento mismo de la vida en común. “Un país está mucho más en manos de sus docentes que de sus políticos”, afirmó durante el evento.

La tesis central de Pedagogismo es que una parte significativa de las políticas educativas contemporáneas está guiada por creencias atractivas, incluso bienintencionadas, pero escasamente contrastadas con la realidad. El problema no sería tanto la mala voluntad de sus defensores como su incapacidad para reconocer los efectos indeseados de determinadas ideas.

La rebaja de la exigencia penaliza a los más vulnerables 

Una de las más influyentes pertenece a la que la categoría que Rob Henderson denominó “creencias de lujo”: convicciones que resultan útiles para quienes disponen de abundantes recursos culturales y económicos, pero cuyos costes recaen sobre quienes tienen menos. Luri aplica esta idea al ámbito educativo. Cuando se rebaja la exigencia académica en nombre de la motivación, cuando se sustituye el conocimiento por actividades más cercanas a los intereses inmediatos del alumno o cuando se relativiza la importancia de los contenidos, quienes más pierden son precisamente los estudiantes que dependen de la escuela para acceder a bienes culturales que no encuentran en su entorno familiar.

“Cuando, guiados por una creencia de lujo, ofrecemos a los alumnos pobres un currículum que tiene más en cuenta lo que les resulta familiar o sugestivo que lo que les resulta desafiante, les estamos condenando a la pobreza”, escribe.

La crítica de Luri alcanza uno de los dogmas más extendidos de la pedagogía contemporánea: la idea de que la motivación constituye el motor principal del aprendizaje. Según Luri, la relación funciona muchas veces en sentido contrario. Los alumnos no aprenden porque estén motivados; con frecuencia se motivan porque descubren que son capaces de aprender.

Algo parecido sucede con las competencias. Durante años se ha repetido que la escuela debe formar alumnos competentes más que transmitir conocimientos. Luri considera que la oposición es falsa. No existen competencias generales desligadas de contenidos concretos. “No se puede tener pensamiento crítico sobre contenido ausente”, recordó durante la presentación del libro.

El filósofo critica también el progresivo desplazamiento del conocimiento del centro de la actividad escolar. Buena parte del pensamiento pedagógico contemporáneo parte de dos presupuestos que Luri considera discutibles. El primero es que cada alumno aprende de una manera sustancialmente diferente. El segundo, que la misión de la escuela consiste en adaptarse a esos estilos individuales de aprendizaje.

Sin embargo, los datos de la psicología cognitiva sugieren que los mecanismos fundamentales del aprendizaje humano son mucho más similares de lo que suelen admitir estas teorías. Las diferencias existen, pero no justifican la renuncia a un currículo común ni a unas expectativas compartidas.

La escuela como espacio de cohesión cultural

La cuestión tiene además una dimensión política. En sociedades cada vez más diversas, la escuela constituye uno de los pocos espacios donde todavía es posible construir referencias culturales compartidas. Luri lo expresó mediante una pregunta: “¿Cómo conseguir sociedades que sean lo más plurales posibles sin romperse?”. Su respuesta es sencilla: “No hay otra forma de cuidar la unidad que no sea cuidando la cultura común”.

En este punto, la reflexión de Luri conecta con la del matemático italiano Fausto di Biase, que participa en el volumen con una crítica particularmente severa al pedagogismo contemporáneo. A su juicio, una de sus características más llamativas es la resistencia a contrastar sus presupuestos teóricos con la experiencia. Di Biase denuncia especialmente la idea de que es posible “aprender a aprender” sin adquirir conocimientos concretos. La expresión, convertida durante años en lema pedagógico, habría terminado por justificar una progresiva devaluación de los saberes disciplinarios.

Las consecuencias no afectan únicamente a los alumnos. También alcanzan a la formación y selección del profesorado. Di Biase critica que los procesos de habilitación docente otorguen un peso desproporcionado a los contenidos metodológicos en detrimento del dominio efectivo de las materias que se van a enseñar. El resultado es una paradoja: profesores cada vez más formados en pedagogía y, en ocasiones, menos preparados en aquello que deben transmitir.

La preocupación por la transmisión del conocimiento atraviesa todo el libro. Luri recuerda que la mayor parte de lo que sabe cualquier científico no procede de experiencias realizadas personalmente, sino de conocimientos recibidos de otros. El saber humano es, en gran medida, una herencia. Negar esta evidencia conduce a una concepción ilusoria del aprendizaje como construcción individual permanente.

Quizá por eso uno de los pasajes más reveladores de Pedagogismo es la larga lista de palabras que, según el autor, han desaparecido del vocabulario educativo: voluntad, hábito, mérito, disciplina, memoria, esfuerzo, excelencia, responsabilidad, silencio, paciencia, carácter… Son conceptos que remiten a una determinada concepción de la educación como formación de la persona y no solo como acompañamiento emocional.

Porque, en el fondo, el debate que plantea Luri no enfrenta tradición e innovación. Lo que está en discusión es cuál es la finalidad de la escuela. Si su misión principal consiste en garantizar el bienestar subjetivo de los alumnos o en introducirlos en una cultura que les permita comprender el mundo y desenvolverse en él con autonomía.

La respuesta no es indiferente. De ella depende que la escuela siga siendo un instrumento de movilidad social o se convierta en una institución que, bajo la apariencia de la inclusión, termine ampliando las desigualdades que dice combatir. Como advierte Luri, cuando las familias con más recursos deben acudir al mercado para comprar el tiempo educativo de calidad que ya no encuentran en la escuela, la igualdad de oportunidades deja de ser una realidad para convertirse en una mera declaración de intenciones.

Fuente:
Aceprensa.
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