Pasar al contenido principal
#397dff

Primer Domingo de Cuaresma

22 de febrero de 2026
23

El miércoles de Ceniza la Iglesia nos hizo un llamado a convertirnos y a creer en el Evangelio.

El Evangelio de hoy, primer Domingo de Cuaresma, presenta a Jesús como el Mesías doliente, como el nuevo Adán obediente, que ayuna durante cuarenta días, y es tentado por el demonio y que vence las tentaciones.

El relato de las tentaciones en el desierto lo narran san Mateo y san Lucas inmediatamente después del Bautismo en el río Jordán, momento en el que Jesús vivió la experiencia de la presencia y voz del Espíritu Santo, que se posó sobre Él mientras una voz del cielo proclamaba su divinidad: «Este es mi Hijo a quien Yo quiero, mi predilecto».

Ese mismo Espíritu Santo es quien lo guía y lo lleva al desierto, el lugar de la prueba. En la Biblia, el desierto es el lugar de la prueba, de la tentación; allí habita el espíritu del mal, el autor de la tentación, pero también es el lugar del encuentro con Dios y desde donde llega la salvación. Allí está el tentador, pero también la gracia, el amor de Dios.

Cuarenta días, es, también en la Biblia, una cifra simbólica. Es una referencia a la vida del hombre sobre la tierra. El diablo es el enemigo del plan de Dios sobre la humanidad entera.

Jesús rechaza la tentación y con la actitud de Hijo obediente del Padre, pone su voluntad por encima de un mesianismo terreno que tanto atraía a sus contemporáneos, incluyendo a sus discípulos.

Jesús vence las tentaciones, las que según narra el libro del Deuteronomio, cap. 8, fueron las que hicieron sucumbir al pueblo de Israel en el desierto.

Ello quiere decir que Jesús, Mesías anunciado, Hijo de Dios, Dios y hombre verdadero, vive la historia humana y la lucha que en ella todos nosotros libramos contra el pecado.

Entendemos, entonces, por qué la Iglesia, al imponernos la ceniza el pasado miércoles, nos dijo: Si crees en el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, asume en vida una actitud de conversión que sea como el primer paso para acompañar a Jesús en su pasión y en su muerte, y celebrar su resurrección con toda la Iglesia.

Actitud sincera de conversión no es otra cosa que un encuentro personal con el Señor Jesús que nos lleva a sabernos y sentirnos amados por Él y llamados a corresponder a su amor. Y que lo expresemos a través de una oración humilde y confiada, con el ayuno, la penitencia y la práctica de la caridad con los hermanos que sufren, con los más pobres, con los niños y los ancianos, y en especial con los sacerdotes mayores.

El auxilio de Dios, la gracia, nunca nos será negada.

Padre Carlos Marín G.

Aumentar
Fuente
Disminuir
Fuente

Otras noticias

#397dff
#007300
#397dff

Noticias relacionadas