Hoy la Iglesia católica celebra la fiesta litúrgica de los Santos Arcángeles

Cada 29 de septiembre la Iglesia celebra la fiesta de los santos Arcángeles Miguel, Rafael y Gabriel. Sus nombres permanecen grabados en el alma de los cristianos de todos los tiempos en virtud a su grandeza y obediencia a la voluntad de Dios.
Los conocemos bien porque aparecen mencionados en la Sagrada Escritura, cada uno llevando a cabo alguna misión crucial, bajo mandato divino, dentro de la historia de la salvación.
San Miguel, cuyo nombre significa “¿Quién como Dios?”, es presentado como defensor frente al mal y jefe de los ejércitos celestiales. San Rafael, “Dios sana” o “medicina de Dios”, es conocido por acompañar a los caminantes y peregrinos y por su misión de sanación. San Gabriel, “fortaleza de Dios”, fue enviado para anunciar a la Virgen María que sería la Madre del Salvador.
¿Qué diferencia hay entre un ángel y un arcángel?
Santo Tomás de Aquino enseña que, a diferencia de los seres humanos, en cuanto seres espirituales, cada ángel es de naturaleza única. Lo que los distingue es su grado de semejanza con Dios y con Su Espíritu Divino; no como los seres humanos que nos distinguimos por nuestras diferencias de rasgos materiales. Sin embargo, se los puede clasificar en grupos, llamados coros, según la similitud espiritual que cada uno comparte dentro de ese grupo y las misiones que Dios les ha encomendado.
Los más cercanos a Dios son los espíritus de los coros superiores, los serafines, querubines y tronos; los más cercanos a los hombres, que se nos parecen más en espíritu, son los coros inferiores. Entre los últimos, se encuentran los arcángeles y los ángeles, que sirven a Dios como mensajeros (en griego, aggelos) mayores y menores hacia los hombres. Conocemos los nombres de tres de los siete arcángeles mensajeros, Miguel, Rafael y Gabriel, mencionados en las Sagradas Escrituras: San Rafael se identifica como uno de los siete que están siempre presentes frente al trono de Dios (Tb 12,15). Los nombres de los otros cuatro arcángeles no nos han sido dados; y la Iglesia prohíbe poner nombre a ninguno salvo a los tres cuyos nombres conocemos por las Escrituras.
Santo Tomás de Aquino hizo la siguiente lista jerárquica de los nueve coros angelicales, usando los nombres tradicionales del hebreo y del griego que tradujo San Jerónimo en la Vulgata Latina:
Serafines (Is 6,2, 6, seraphin)
Querubines (Gn 3,24, Heb 9,5, cherubin)
Tronos (Col 1,16, throni)
Dominaciones (Col 1,16, Ef 1,21, dominationem)
Virtudes (Ef 1,21, virtutem)
Potestades (Rom 8,38, Ef 1,21, potestatem)
Principados (Col 1,16, Ef 1,21, principatum)
Arcángeles (Ap 12,7, Judas 9, archangelus)
Ángeles (hay más de 300 referencias, angelus)
Si bien La fiesta de los tres Arcángeles es el 29 de septiembre, en el calendario litúrgico tradicional, esa fecha era la fiesta de San Miguel Arcángel; la de San Gabriel era el 24 de marzo (el día previo a la Anunciación) y la de San Rafael, el 24 de octubre. Las comunidades que mantienen la forma extraordinaria del rito romano celebran a cada arcángel en su día.
Nota catequética:
El siguiente texto ha sido extraído del Catecismo de la Iglesia Católica (núm. 328-330):
I Los ángeles
La existencia de los ángeles, verdad de fe
328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.
Quiénes son los ángeles
329 San Agustín dice respecto a ellos: Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus (“El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel”) (Enarratio in Psalmum, 103, 1, 15). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan “constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos” (Mt 18, 10), son “agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra” (Sal 103, 20).
330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales (cf Pío XII, enc. Humani generis: DS 3891) e inmortales (cf Lc 20, 36). Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello (cf Dn 10, 9-12).
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