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Es Jesús quien da la vida

22 de marzo de 2026
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El relato de la resurrección de Lázaro es una perfecta catequesis sobre la vida —la presente—, y la fe en la resurrección —la futura—, pues en ella se manifiesta la plenitud de la obra de Jesús con la humanidad enferma. Jesús es más fuerte que la muerte y su muerte en la cruz es principio y fuente de vida, es victoria sobre la muerte y certeza de resurrección.

Los discípulos de Jesús se sentían angustiados ante la perspectiva de la muerte. Todavía no conocían el poder de Jesús, ni la vida que Él venía a comunicarles. Pensaban que la enfermedad y la muerte tenían la última palabra. Ahora van a descubrir que Jesús es no solo agua que da vida, y no solo pan de vida, sino que Él es la vida, que tiene el poder de curar al enfermo y despertar al que se ha dormido.

En Lázaro se manifiesta la plenitud de la obra de Jesús con la humanidad enferma, mostrando hasta qué punto es poderosa la vida que Él comunica.

Gracias a la narración que nos ofrece san Juan nos encontramos con un Jesús humano y divino a la vez. Conoce la muerte de su amigo Lázaro, tiene conciencia de su condición de Mesías, se deja llamar Señor e Hijo de Dios. Sus relaciones humanas, sus amistades, sus emociones profundas, su llanto, su oración, su voz potente. Es Dios y hombre verdadero. Él es la resurrección y la vida. Es Jesús humano y divino a la vez.

Creer en Dios es creer en la vida, no solo en la vida después de la muerte, sino también en la vida, en la nuestra, en la de cada ser humano, pues es un don de Dios. Esa fe en Dios debe ser viva y activa, que luche contra todo lo que pueda significar matar la vida, contra todo signo o rastro de la cultura de la muerte que hoy, en nuestra patria colombiana, cuenta con gran cantidad de actores.

Cuánta vigencia y actualidad reviste hoy la Carta Encíclica del papa san Juan Pablo II «El Evangelio de la vida», cuando en el mundo entero y también en Colombia, en franca rebelión contra Dios, se multiplican las agresiones contra la vida, como si los mismos seres humanos tuviéramos potestad para legislar contra lo que es don de Dios nuestro creador.

Hermanos: nuestra fe en Dios no puede seguir siendo algo así como una costumbre atávica. No repitamos el pecado de Adán y Eva, que fue de soberbia. Imploremos la misericordia de Dios y el perdón de nuestros pecados y de los pecados de una humanidad enferma. Pero hagámoslo con fe, con mucha fe: Dios está con nosotros.

A quienes leen esta reflexión dominical quiero pedirles me ayuden a dar gracias a Dios por la vida y por el sacerdocio. Estoy cumpliendo 96 años de edad y 72 de ordenación sacerdotal en la ciudad de Roma.

*Padre Carlos Marín G.

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