Monseñor Jesús Alberto Torres toma posesión en medio de un urgente clamor por la paz en el Guaviare

En una solemne Eucaristía celebrada en la parroquia Catedral de San José del Guaviare, monseñor Jesús Alberto Torres Ariza tomó posesión canónica como nuevo obispo de esta Iglesia particular amazónica, que por más de un año había estado en sede vacante.
El inicio del ministerio episcopal de monseñor Torres se da en paralelo a un grave hecho de orden público. El mismo día de su posesión, junto con monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, Delegado para las Relaciones Iglesia-Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, emitieron un comunicado expresando "profunda consternación" por los enfrentamientos en el municipio de El Retorno que dejaron 26 combatientes muertos y generan alto riesgo para la población civil.
La liturgia de posesión estuvo presidida por el Nuncio Apostólico en Colombia, monseñor Paolo Rudelli. Como signo de comunión episcopal, monseñor Torres Ariza estuvo acompañado por cinco obispos de jurisdicciones vecinas: monseñor Álvaro Mon Pérez, C.Ss.R., vicario apostólico de Puerto Carreño; monseñor Jorge Enrique Malpica Bejarano, obispo de Granada; monseñor Raúl Alfonso Carrillo Martínez, vicario apostólico de Puerto Gaitán; monseñor Joselito Carreño Quiñones, M.X.Y., vicario apostólico de Inírida; y monseñor Óscar José Vélez Isaza, obispo de Valledupar, diócesis de origen del nuevo prelado. Esta presencia subrayó la dimensión de comunión y corresponsabilidad en la misión evangelizadora en la Orinoquía y la Amazonía colombianas.
Un obispo misionero para una diócesis amazónica
En su homilía, monseñor Torres Ariza asumió su ministerio con un claro acento misionero y pastoral. Recordó que su nombramiento es respuesta a una llamada de Cristo y del Santo Padre, comprometiéndose a “una entrega total y generosa” a la Iglesia: “En la persona del Santo Padre reconozco la llamada que me hace el Señor Jesús para una entrega total y generosa de mi persona”.
Presentándose como hijo de La Guajira, evocó sus raíces culturales y eclesiales para resaltar que llega al Guaviare con espíritu de servicio y cercanía: “Vengo como misionero porque el Señor Jesús me envió sobre su heredad, para elegir al pueblo del Señor y librarlo de las manos de los enemigos que lo rodean”. Reconoció la riqueza multicultural del territorio, destacando la convivencia entre pueblos indígenas y comunidades provenientes de distintas regiones del país.
El nuevo obispo delineó su comprensión del ministerio episcopal como una triple misión: padre, pastor y maestro. Subrayó que quiere ejercer una paternidad cercana y misericordiosa: “Estoy llamado a ser padre para todo el pueblo santo de Dios que peregrina en estas tierras…Un padre para que todos sus hijos se puedan acercar confiadamente con sus gozos y esperanzas, sus alegrías y tristezas”.
Como pastor, se comprometió a caminar al frente de su pueblo, siguiendo el modelo de Cristo Buen Pastor, con especial solicitud por los pobres, los vulnerables y quienes viven en situación de periferia. Y como maestro, afirmó que su tarea será anunciar con valentía a Jesucristo vivo, haciendo de la Palabra de Dios norma de vida para la comunidad.
Inspirado en el documento Querida Amazonía del Papa Francisco, monseñor Torres compartió “sueños pastorales” para la diócesis: una Iglesia comprometida con los pobres, respetuosa de la riqueza cultural y ambiental de la Amazonía, promotora de vocaciones, familias cristianas abiertas a la vida y comunidades parroquiales dinámicas y misioneras al servicio de la sociedad.
El llamado del Pastor en un territorio bajo presión
Este mensaje de esperanza contrasta con la cruda realidad que vive el territorio. El mismo día de su posesión, monseñor Torres Ariza y monseñor Héctor Fabio Henao Gaviria, delegado de la Conferencia Episcopal para las Relaciones Iglesia–Estado de la Conferencia Episcopal de Colombia, emitieron un comunicado ante la grave situación de orden público registrada en la zona rural del municipio de El Retorno (Guaviare), donde recientes entre presentados entre disidencias de las Farc dejaron 26 personas muertas y sembraron nuevamente el temor entre la población civil.
En el texto, la Diócesis de San José del Guaviare y la Delegación para las Relaciones Iglesia–Estado expresaron su “profunda consternación” por los hechos y se unieron al llamado del Papa León XIV por “una paz desarmada y desarmante”.
El comunicado advirtió que estas confrontaciones “no causan sino mayor sufrimiento de la población, alta victimización, confinamiento y desplazamiento de comunidades indígenas y campesinas, así como la pérdida de la vida de combatientes y no combatientes”, y generan un clima de miedo que impide la convivencia pacífica.
La Iglesia hizo un llamado a los actores armados para que respeten el Derecho Internacional Humanitario y la vida de la población civil, e invitó al diálogo y la concertación como caminos para la reconciliación. Asimismo, expresó su cercanía espiritual: “Nos unimos en oración por las personas y comunidades del Guaviare, para que alcancen la protección que necesitan y se desarmen los corazones de los violentos”.
Según las autoridades, los combates responden a una disputa por corredores estratégicos para movilidad y economías ilegales en el Guaviare. La Defensoría del Pueblo ha mantenido desde junio de 2025 una alerta por el riesgo para las comunidades, advirtiendo que la confrontación ha elevado a nivel crítico los riesgos en municipios como El Retorno y Calamar.
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