Visitas pastorales: Caminar juntos para cultivar la fe y renovar la misión

En este año orientado al 'cultivo de fe', continúan desarrollándose las visitas pastorales a los arciprestazgos de la Arquidiócesis de Bogotá. Estos espacios de encuentro con los distintos miembros del pueblo de Dios, han permitido confirmarlos en la fe y orar con ellos, escucharlos, dialogar y discernir juntos, así como motivarlos en la vida cristiana y en el Camino Discipular Misionero.
Durante la segunda mitad de octubre, estos encuentros llegaron a los arciprestazgos de la Vicaría Episcopal Territorial San Pablo. En este contexto, el 16 de octubre, el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, acompañó la visita pastoral al arciprestazgo 6.4, cuya jornada tuvo como escenario la parroquia Cristo de la Paz, en el barrio Marichuela, localidad de Usme.
La jornada reunió a sacerdotes, religiosos, religiosas y servidores del desarrollo humano integral para compartir experiencias pastorales, reconocer los frutos de la evangelización y reflexionar sobre los desafíos que afrontan las comunidades.
También fue una oportunidad para fortalecer la comunión y renovar el compromiso de una Iglesia cercana a las realidades del territorio, especialmente a las personas y familias que viven situaciones de vulnerabilidad.
La comunión, clave para responder a los desafíos pastorales
Durante la jornada el cardenal explicó que las visitas pastorales permiten conocer de cerca la diversidad de las comunidades parroquiales, sus experiencias y los desafíos que afrontan en su labor evangelizadora.
«Cada persona es un libro abierto. Cada parroquia es un camino de experiencia riquísimo», expresó al destacar la importancia de escuchar y aprender de las realidades que se encuentran en el camino pastoral.
Es así como el crecimiento en la formación y la espiritualidad de los laicos, llamados a convertirse en instrumentos de esperanza en sus familias, comunidades y entornos, es uno de los grandes frutos pastorales identificados en estos encuentros. Como desafío y horizonte pastoral, agregó el purpurado, se encuentra el avanzar hacia una Iglesia cada vez más misionera, sostenida en la oración, la Palabra de Dios y los sacramentos; comprometida con el cuidado y la promoción de la dignidad humana, la reconciliación y el cuidado de la Casa Común.
En el encuentro con las comunidades religiosas y los animadores del desarrollo humano integral, insistió en que la oración no puede quedarse únicamente en el ámbito personal, sino que debe impulsar acciones concretas de servicio. También invitó a las comunidades a reconocer el trabajo pastoral que se realiza en las parroquias cercanas y a aprender unas de otras, con especial atención a quienes experimentan sufrimiento, soledad o exclusión.

«La caridad sana, sirve, salva y santifica»
El cardenal Luis José destacó que el encuentro con Dios conduce al encuentro con el prójimo, especialmente con quienes viven situaciones de fragilidad.
Esta perspectiva se hace visible en las iniciativas adelantadas en las parroquias que conforman el arciprestazgo; así como en la articulación con el servicio y misión de las comunidades religiosas presentes en el territorio. Esto ha permitido responder a necesidades sociales como la soledad de las personas mayores, las dificultades de las familias monoparentales, la situación de quienes viven en la calle y el acompañamiento a personas afectadas por las adicciones.
En este encuentro, señaló, ha quedo claro la estrecha relación entre el servicio y dones puestos al servicio de las comunidades y del acompañamiento en el crecimiento de la fe, con la caridad convertida en acción. “Vemos una caridad que abre los ojos, que se da cuenta de lo que ocurre en cada contexto, de las personas que están sufriendo y busca la manera de responder…Vemos que la caridad sana, sirve, salva y santifica”.

Monseñor Mauricio Urbina, vicario episcopal territorial en la VET San Pablo, destacó el fortalecimiento de la respuesta pastoral articulada entre las parroquias, comunidades religiosas e instituciones.
El arciprestazgo 6.4 cuenta con seis parroquias, dos comunidades religiosas femeninas y una masculina, los religiosos pavonianos. Esta diversidad, señaló el vicario, representa una oportunidad para fortalecer la comunión y unir esfuerzos entre distintas iniciativas de servicio.
La visita del cardenal, añadió, anima a las comunidades a perseverar en su misión y a continuar el Camino Discipular Misionero, con una presencia evangelizadora que responda a las realidades concretas de las personas.
Iglesia en salida: misericordia y acogida
Entre las iniciativas que hacen visible la acción evangelizadora en el arciprestazgo se presentó el servicio y misión de la parroquia Cristo de la Paz, acompañada por los religiosos pavonianos, cuyo carisma está orientado a la educación cristiana, humana y profesional de niños y jóvenes, especialmente de quienes viven situaciones de vulnerabilidad.
El padre Gregorio Huerta, párroco de esta comunidad, destacó el trabajo conjunto entre la parroquia y el Centro Infantil y Juvenil, una apuesta por acompañar a las nuevas generaciones y ofrecerles espacios de formación y encuentro con Cristo.


La pastoral social de la parroquia también desarrolla acciones dirigidas a familias vulnerables y habitantes de calle. Rosalba Pilota, integrante de este equipo, recordó que su servicio comenzó en 1995 con visitas a personas enfermas y familias de escasos recursos, y que con los años se ha ampliado para responder a otras necesidades identificadas en el territorio.
Desde 2024, el equipo impulsa el 'Tintico solidario', una iniciativa que ofrece alimentos y bebidas calientes a habitantes de calle los lunes, miércoles y viernes. Además, los martes realiza jornadas en las que las personas pueden acceder a baño, ropa, peluquería y desayuno.
Más allá de la ayuda material, la iniciativa busca recuperar vínculos y reconocer la dignidad de cada persona. Antes de compartir los alimentos, quienes lo desean participan en un momento de oración; después, encuentran una mesa en la que son recibidos con cercanía y respeto.
El acompañamiento a las familias también incluye a las personas mayores, muchas de ellas responsables del cuidado de niños y niñas o que viven situaciones de soledad. Estas realidades han motivado a los servidores parroquiales a mantener su presencia en los hogares y a fortalecer las redes comunitarias de apoyo.
La vida consagrada, presencia de esperanza en el territorio
La visita también permitió reconocer el aporte de las comunidades religiosas que, desde sus carismas, acompañan procesos de evangelización y atención social.

La hermana Irai Reyes, de la congregación de la Sagrada Familia de Urgel, quien lleva tres años en Bogotá, compartió la experiencia de su comunidad en la prevención y recuperación de las adicciones. Su trabajo se dirige a niños, adolescentes, jóvenes, familias y personas afectadas por el consumo de sustancias psicoactivas.
Para ella, ver al pastor caminar junto a su pueblo es un signo que anima y fortalece la vida consagrada. La presencia del arzobispo en el territorio renueva el sentido de una misión que exige cercanía, escucha y perseverancia, especialmente frente a realidades que necesitan acompañamiento integral.
También el padre Gerardo Martínez Salamanca, párroco en la parroquia Jesucristo de Betania, expresó que la visita le permitió sentirse acompañado y valorado en su servicio pastoral. Destacó la importancia de la oración, el conocimiento de las acciones de pastoral social y el respaldo a quienes trabajan diariamente con las personas necesitadas. Asimismo, invitó a mantener la oración y el apoyo a estas iniciativas.
A su turno, el padre Agostino Damonte, religioso pavoniano y vicario parroquial de Cristo de la Paz, afirmó que la visita del cardenal fue motivo de alegría y una oportunidad para fortalecer la fraternidad con otras parroquias y centros de caridad. El encuentro permitió reconocer que el servicio a quienes más lo necesitan es una tarea compartida, que crece cuando las comunidades trabajan unidas.

Contra la soledad, comunidades que cuidan y acompañan
La atención a las personas mayores es otra expresión de la fe vivida en comunidad. Ángela, animadora laica juvenil del grupo «Canitas de Oro», de la parroquia Nuestra Señora del Portal, explicó que este espacio reúne a cerca de 26 adultos mayores de 50 años, quienes encuentran en la oración, la fe y el compartir una oportunidad para fortalecer sus vínculos y afrontar la soledad.
El acompañamiento también llega hasta quienes, por sus condiciones de salud o movilidad, no pueden asistir a las actividades parroquiales. A través de las visitas a sus hogares, los integrantes del grupo procuran acercarles la oración y facilitar el acceso a los sacramentos, como la unción de los enfermos y la comunión.
La experiencia muestra cómo la evangelización se concreta en gestos cotidianos de cuidado y presencia. Para Ángela, la visita pastoral fue una oportunidad para renovar el compromiso con esta labor y animar a otros jóvenes a vincularse a la vida parroquial, fortalecer su fe y convertirse en portadores de esperanza.

Signo de la presencia (cercanía) del Señor y una acción a favor de la evangelización
En los arciprestazgos 6.1, 6.2, 6.3, 6.5, y 6.6, los obispos auxiliares Edwin Vanegas, Alejandro Díaz y Germán Barbosa, acompañaron estas visitas pastorales que incluyeron también el traslado, junto a los sacerdotes que sirven en estos sectores, a hogares con personas en situación de enfermedad; encuentro con catequistas, distintos grupos pastorales y parroquiales, así como el encuentro con servidores públicos y entidades del Estado presentes en el territorio arciprestal.
A continuación, momentos centrales y testimonios en torno a la visita pastoral:
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