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Retos y proyectos marcan la llegada del nuevo vicario episcopal de San Pedro

2 de marzo de 2026
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La Arquidiócesis de Bogotá cuenta con un nuevo vicario episcopal para la Vicaría de San Pedro. Se trata de Monseñor Rubén Darío Hernández, quien recibió su nombramiento en noviembre del año pasado por parte del cardenal Luis José Rueda Aparicio.

Monseñor Hernández recordó que fue citado al Palacio Arzobispal, donde el cardenal le comunicó que lo necesitaba en otro sector de la ciudad. Una palabra marcó ese momento: misión.

“Para mí esa palabra tiene un significado muy hondo, porque significa que soy enviado por mi obispo.”

El nuevo vicario ya conocía el territorio, pues años atrás trabajó allí en la pastoral vocacional y como párroco. Por eso, afirmó que recibió el nombramiento con alegría, disponibilidad y espíritu de acogida.

 

 

Proyectos pastorales y retos en el norte de la ciudad

Entre las tareas encomendadas se encuentran importantes proyectos pastorales e institucionales en el norte de Bogotá:

  • Construcción de la parroquia Nuestra Señora de Aparecida.

  • Reconstrucciones de San Pascual Bailón y San Francisco de Sales.

  • Proyecto del Divino Niño Jesús de Praga.

  • Proyecto misionero de San Carlos Acutis hacia el extremo norte de la ciudad.

  • Desarrollo de un espacio institucional pastoral y sacerdotal en un amplio terreno destinado a servicios eclesiales.

Además de estas iniciativas, el vicario asumirá las funciones habituales de su cargo: acompañar a los sacerdotes, religiosas, colegios y representar al obispo en la zona.

 

Los principales desafíos pastorales

Monseñor Hernández identificó varios retos específicos del sector:

  • Una población mayoritariamente adulta.

  • El “encerramiento” en conjuntos y torres residenciales, que dificulta el contacto pastoral directo.

  • El avance del secularismo y cierta indiferencia religiosa.

  • Prejuicios entre credos y posturas religiosas.

“Aquí tenemos torres y conjuntos cerrados; no es tan fácil tocar una puerta como en otros sectores.”

También señaló que, aunque la participación en el culto es significativa, existe una amplia población a la que es difícil llegar.

 

Juventud: una realidad distinta

Sobre la participación juvenil, indicó que los jóvenes no son mayoría en la zona, lo cual refleja la misma realidad demográfica del sector.

Explicó además que el concepto de juventud no es únicamente etario, sino también una experiencia vital:

“Algunos dicen que tienen juventud acumulada; otros, con pocos años, no se sienten jóvenes.”

 

El énfasis de su misión: escucha, claridad y cercanía

El nuevo vicario fue enfático en señalar tres pilares para su servicio pastoral:

1. La escucha

Escuchar implica paciencia, tiempo y caminar con otros.

“La escucha implica no acelerar, pero tampoco retrasar.”

2. La claridad

En un sector con alta formación académica, destacó la necesidad de un mensaje corto, claro y no ambiguo.

3. La misión y la alteridad

Subrayó la importancia de salir, no solo territorialmente, sino hacia el encuentro con el otro, aceptando que piensa y siente diferente.

Retomando el llamado del papa Francisco, resaltó la necesidad de una Iglesia cercana:

“Ser la Iglesia que Dios quiere y la ciudad necesita.”

 

Una vicaría amplia y diversa

Recordemos que esta Vicaría se encuentra ubicada el norte de la ciudad y abarca desde la Calle 100 hasta Guaymaral (límite con Chía), y desde el oriente (Autopista Norte / Carrera 45) hacia los cerros de Suba en el occidente, limitando con el municipio de Chía en varios puntos. Además, cuenta actualmente con:

  • 25 parroquias, más un proyecto parroquial (San Carlos Acutis).

  • 32 sacerdotes directamente vinculados a las parroquias.

  • Presencia de comunidades religiosas como sulpicianos, somascos y terciarios capuchinos, entre otras.

Monseñor Hernández reconoció que la relación con las comunidades religiosas requiere cercanía y diálogo constante:

“Toda relación implica las dos partes.”

 

Lo que le dejó su paso por la Vicaría Santa Isabel de Hungría

Antes de asumir en el norte, monseñor Hernández sirvió en la Vicaría Santa Isabel de Hungría, en Ciudad Bolívar. De esa experiencia resaltó tres ideas:

Escuela, teología del pueblo y emprendimiento.

Narró experiencias de creatividad y generosidad de las comunidades más vulnerables, destacando la fuerza, el trabajo y la gratitud de las familias.

“Ciudad Bolívar no tiene la belleza física, pero tiene una belleza humana en el alma.”

 

Un mensaje a su nueva comunidad

Finalmente, agradeció la acogida y pidió paciencia y trabajo conjunto:

“Vamos a caminar en la medida en que juntos lo hagamos posible.”

También dirigió palabras de gratitud a sacerdotes, catequistas, ministros laicos y religiosas que continúan respondiendo a la misión con fidelidad y entrega.

Con este nuevo encargo, monseñor Rubén Darío Hernández inicia una etapa que combina experiencia, conocimiento del territorio y apertura a los desafíos actuales del norte de la ciudad. Su llamado a la escucha, la claridad y la cercanía marca el horizonte de una Vicaría que busca responder con creatividad y fidelidad a la misión evangelizadora. La Vicaría de San Pedro comienza así un camino renovado, en comunión con la Arquidiócesis de Bogotá, con el propósito de ser una Iglesia presente, dialogante y cercana a las realidades concretas de la ciudad.

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