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Iglesia en Bogotá invita a hacer de la paz una tarea cotidiana

31 de agosto de 2026
de referencia- Semana por la paz
Imagen:
de referencia.
Conozca y participe en el itinerario pastoral propuesto para vivir Semana por la Paz 2026.

Del domingo 6 al 13 de septiembre, la Iglesia católica en Colombia volverá a encontrarse alrededor de una convicción que permanece vigente: la paz no es únicamente un anhelo colectivo, sino una tarea cotidiana que comienza en el corazón, atraviesa las relaciones familiares y comunitarias, y alcanza la vida social del país.

Bajo esta premisa, se prepara para la vivencia de la versión número 39 de la Semana por la paz, con un lema que es al mismo tiempo invitación y compromiso: “La paz nos llama, nos mueve, nos une”.

La iniciativa, promovida en el ámbito nacional por la Conferencia Episcopal, a través del Secretariado Nacional de Pastoral Social, es acogida por la Arquidiócesis de Bogotá con una propuesta pastoral que convoca a parroquias, comunidades, instituciones y diferentes espacios eclesiales a unirse en oración, al tiempo que sumen gestos concretos que ayuden a construir convivencia, reconciliación y esperanza.

“En el contexto colombiano es necesario seguir orando, pero también seguir posibilitando herramientas que nos permitan una convivencia pacífica; que permitan que la paz entre en el corazón de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de nuestras comunidades”, ha precisado monseñor Ricardo Pulido, encargado de la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral.

El sacerdote, enfatizó en que la paz no puede reducirse a la ausencia de conflicto. Es también una experiencia interior que permite afrontar el dolor sin perder la esperanza y que transforma a quien la recibe en constructor de esperanza para otros.

“Estamos en medio de un contexto complejo, no solamente por la violencia interna, sino también por las tragedias que en estos días estamos asumiendo. Por eso hay que pedir la paz”, insistió, señalando que: “La paz que habita en el corazón, nos da la certeza de que no estamos solos… nos da la fuerza para seguir adelante, porque quien tiene paz en su corazón se convierte en un signo de esperanza”.

Por eso, esta jornada en la capital tendrá una doble dimensión: orar por la paz y asumir compromisos concretos para construirla.

“La paz inicia en cada uno y se construye de manera conjunta”

La programación arquidiocesana propone recorrer distintos ambientes eclesiales y comunitarios. Cada día será una oportunidad para poner rostro a la paz y recordar que nadie está excluido de su construcción.

  • Domingo, 6 de septiembre | La paz nos reúne

En la Eucaristía dominical, recordando que “la paz que viene de Jesús nos da esperanza, nos reconforta”, se invitará a todas las comunidades parroquiales a elevar una plegaria por la paz, que se gesta en corazón de cada persona, se nutre en la familia y se siembra y cosecha en comunidad.

El subsidio preparado por la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral propone como punto de partida la certeza expresada en el Evangelio: “La paz os dejo, mi paz os doy” (Jn 14,27). 

  • Lunes, 7 de septiembre | Niños, niñas y jóvenes: sembradores de paz

El segundo día pondrá la mirada en las nuevas generaciones, bajo la pregunta: ¿Cómo aprendemos a relacionarnos con los demás desde el respeto, el diálogo y el cuidado? 

Los niños, niñas y jóvenes del Sistema Educativo de la Arquidiócesis de Bogotá (SEAB), se sumarán a esta conmemoración. El encuentro propone reconocerlos no solamente como destinatarios de una formación para la paz, sino como constructores de paz en sus colegios, familias y entornos cotidianos.

  • Martes, 8 de septiembre | La paz también acompaña el dolor

Los enfermos y sus familias serán acogidos en este día, en articulación con la Pastoral de la Salud, hospitales y parroquias.
También se invita a unirnos a nivel nacional en oración con el rezo del Santo Rosario, a través del canal de YouTube de la Arquidiócesis de Bogotá, como expresión de una Iglesia que acompaña el sufrimiento y que en medio de la enfermedad y la fragilidad continúa confiando en Dios.

La paz, en este contexto, adquiere el rostro del consuelo, de la presencia y de la cercanía: “El Señor es consuelo, esperanza y fortaleza; entregamos a Él todo aquello que nos atormenta”, plantea el subsidio

  • Miércoles, 9 de septiembre | "En las cárceles somos testimonio de paz y esperanza". "Los migrantes y desplazados, peregrinos de paz y esperanza".

La jornada estará dedicada a personas privadas de la libertad, migrantes y desplazados, reconociendo en ellos historias de vida que también hablan de dignidad y posibilidad de reconstrucción.

En las cárceles, la oración tendrá un significado particular: recordar que la dignidad humana no desaparece detrás de una puerta y que la reconciliación también necesita espacios donde sea posible sanar, reconocer responsabilidades y recuperar la esperanza.

La jornada contempla, además, un gesto de solidaridad con personas privadas de la libertad y/o personas migrantes, como expresión concreta de una Iglesia que busca acompañar las realidades humanas más vulnerables.

  • Jueves, 10 de septiembre | Universidades: pensar y sentir la paz

Instituciones de educación superior y otros ambientes educativos están llamados a preguntarse por el papel del conocimiento, la formación y la conciencia ciudadana en la construcción de una sociedad capaz de resolver sus diferencias sin recurrir a la violencia.

“En las universidades construimos paz desde el conocimiento y con el corazón”, precisa la propuesta pastoral arquidiocesana.

Este día se invita, de manera especial, a comprender que educar también significa preparar hombres y mujeres capaces de dialogar, reconocer al otro y comprometerse con el bien común.

  • Viernes, 11 de septiembre | Comunidades que ya están construyendo paz

Reconociendo que la Iglesia cuenta con múltiples experiencias que, desde sus carismas y misiones, contribuyen a la reconciliación, la mirada estará centrada en “las comunidades religiosas y movimientos laicales, testimonio de la construcción de paz”. 

No se trata solamente de hablar de paz, sino de mostrarla en la manera de vivir la fraternidad, servir, acompañar y relacionarse con quienes piensan o viven de manera diferente.

Sábado, 12 de septiembre | Las periferias también son esperanza

El sábado la invitación llegará especialmente a las periferias y Centros Integrales de Pastoral Social, espacios donde la Iglesia acompaña distintas expresiones de vulnerabilidad y exclusión.

Allí la paz se encuentra con historias concretas: personas y familias que enfrentan dificultades económicas, sociales, familiares y territoriales, pero que también conservan capacidades, sueños y deseos de salir adelante.

  • Domingo 13 de septiembre | La paz llega a cada parroquia

El cierre de la Semana por la Paz nos regresará al corazón de la vida eclesial: Las comunidades parroquiales, en las que se renovará el compromiso con el cuidado de la Casa Común.

Hacer de la paz un estilo de vida y no solamente una celebración anual, es la insistencia en esta jornada.

“Yo me comprometo a…”: hacer visible la paz

Hay un signo que atravesará toda la Semana y que busca hacer visible aquello que, muchas veces, permanece invisible: los compromisos personales por la paz.

Se trata de “Una Cadeneta por la Paz”, dinámica  sencilla propuesta para realizarse después de la oración y las peticiones en la Eucaristía o cada encuentro comunitario. Los fieles o participantes recibirán un papel para completar la frase: “Yo me comprometo a…”, allí escribirán una acción concreta que estén dispuestos a realizar para aportar en la construcción de la paz. Después, cada compromiso se unirá al de los demás hasta formar una gran cadeneta.

El signo representa una realidad concreta: un solo eslabón no forma una cadena. Cada compromiso necesita del otro. Cada persona aporta algo. Cada comunidad puede convertirse en un espacio donde se rompan los ciclos de violencia y se fortalezcan los vínculos.

La cadeneta podrá ser presentada como ofrenda durante la Eucaristía o ante el Santísimo, acompañada de una vela encendida o un pañuelo blanco. El cierre contempla también la oración comunitaria del Padre Nuestro. 

En contexto: La paz, una tarea de todos

La Semana por la Paz tiene una historia que se remonta a 1987, en el contexto del nacimiento del Programa por la Paz de la Compañía de Jesús. Posteriormente, con la creación de Redepaz en 1993, la iniciativa fue asumida junto con el Secretariado Nacional de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal de Colombia. Desde entonces se ha mantenido como una movilización que busca visibilizar los esfuerzos ciudadanos y comunitarios por la paz, la reconciliación y la dignificación de la vida.

Su celebración se articula además alrededor del 9 de septiembre, Día de los Derechos Humanos en Colombia y memoria de san Pedro Claver, sacerdote jesuita que dedicó buena parte de su vida al servicio de las personas esclavizadas en Cartagena y cuyo testimonio permanece asociado a la defensa de la dignidad humana.

En este camino, la Iglesia recuerda que la paz necesita tanto de grandes decisiones como de pequeños gestos: aprender a escuchar, cuidar la palabra, superar los prejuicios, acompañar al que sufre, abrir espacios de diálogo, reconciliarse y volver a encontrarse.

“La paz es una tarea de todos … Y una comunidad cristiana está llamada a ser comunidad de paz (…) Unámonos en la oración. Creamos en la paz y construyamos un mundo distinto”, concluye monseñor Pulido.

Vea mensaje de monseñor Ricardo Pulido aquí

 

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Semana por la Paz 2026 -F

 

Subsidio pastoral elaborado por la Diaconía para el Desarrollo Humano Integral.
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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