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Escuela de fe, comunión y misión para los niños, adolescentes y sus familias

9 de junio de 2026
Una escuela de fe, comunión y misión para los niños, adolescentes y sus familias
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Diaconía para la Formación Discipular Misionera.
85 animadores de evangelización IAM fortalecieron sus competencias y profundizaron su vocación de servicio a la Iglesia y a la misión.

Con una jornada de certificación, acción de gracias y envío misionero, la Arquidiócesis de Bogotá concluyó el 6 de junio la experiencia formativa para Asesores de Infancia y Adolescencia Misionera (IAM) 2026, un proceso que reunió a 85 agentes pastorales provenientes de distintas parroquias y comunidades eclesiales de la ciudad.

El ciclo formativo, desarrollado entre el 9 de mayo y el 6 de junio, hizo parte del compromiso por fortalecer la animación misionera y la formación permanente de quienes acompañan los procesos de evangelización con niños y adolescentes, en el marco de Camino Discipular Misionero, en este trienio centrado en el cultivo de fe, que transita esta iglesia particular como derrotero pastoral.

La formación estuvo a cargo de la Diaconía para la Formación Discipular Misionera y contó con el acompañamiento del director arquidiocesano de las Obras Misionales Pontificias, el padre Hernán Báez; del equipo coordinador integrado por el padre Alexis Ortiz y el padre Jonathan Rozo; así como de profesionales invitados que profundizaron en aspectos pedagógicos, humanos, pastorales, sociales y relacionados con la misión .

 

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Una Iglesia que forma para la misión.
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Formación para acompañar, evangelizar y servir

La experiencia se estructuró en dos niveles. El primero estuvo dirigido a quienes iniciaban su servicio como asesores de grupos de Infancia y Adolescencia Misionera, brindándoles fundamentos bíblicos, eclesiales, pedagógicos y misioneros para desempeñar esta labor pastoral.

El segundo nivel convocó a asesores con experiencia previa, quienes participaron en espacios de actualización y profundización para fortalecer sus competencias de acompañamiento y liderazgo evangelizador.

Durante un mes, los participantes vivieron un itinerario formativo en modalidad híbrida, con ocho encuentros virtuales y dos jornadas presenciales. Contenidos académicos, espacios de oración, reflexión, fraternidad y crecimiento espiritual, hicieron parte de las jornadas, posibilitando un abordaje integral de la identidad del asesor IAM como discípulo misionero al servicio de la niñez y la adolescencia.

Un semillero para las vocaciones y la vida de la Iglesia

Para los responsables del proceso, la formación de asesores representa una apuesta pastoral estratégica para el presente y el futuro de la iglesia arquidiocesana.

“Nuestro propósito es lograr que cada parroquia de la arquidiócesis cuente con el espacio de acompañamiento de Infancia y Adolescencia Misionera, ya que estamos convencidos de que este es un semillero para las distintas vocaciones de la Iglesia”, señalaron.

La Infancia y Adolescencia Misionera, que hace parte de las Obras Misionales Pontificias, busca que los niños y adolescentes crezcan en la fe desde una experiencia de comunión, servicio y anuncio del Evangelio, aprendiendo a reconocerse como discípulos misioneros desde las primeras etapas de la vida.

Por ello, la formación de asesores se convierte en un elemento fundamental para garantizar procesos pastorales sólidos, cercanos y capaces de responder a los desafíos actuales que viven las nuevas generaciones.

Acción de gracias y envío misionero

La experiencia culminó el sábado 6 de junio con un encuentro presencial que reunió a los participantes para vivir una jornada marcada por la espiritualidad, la fraternidad y la celebración.

La programación incluyó momentos de acogida, oración, espacios formativos, reflexión comunitaria, celebración eucarística, consagración de nuevos asesores y entrega de certificados.

Uno de los momentos más significativos fue la consagración de los participantes del Nivel 2, quienes expresaron públicamente su compromiso de seguir a Jesucristo, dar testimonio coherente de vida cristiana, acompañar con dedicación a los niños y adolescentes misioneros y servir generosamente a la Iglesia en su tarea evangelizadora.

La ceremonia se convirtió también en un gesto de envío misionero para quienes continuarán acompañando la formación humana, espiritual y apostólica de las nuevas generaciones en las comunidades parroquiales.

 

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Formados para acompañar, enviados para servir.


Apuesta por la formación permanente

Con esta experiencia, la Arquidiócesis de Bogotá reafirma su compromiso con la formación permanente de los agentes de pastoral y con el fortalecimiento de la Infancia y Adolescencia Misionera como una verdadera escuela de fe, comunión y misión.

El proceso deja además una proyección concreta para la pastoral arquidiocesana: ampliar la presencia de la IAM en las parroquias y consolidar redes de acompañamiento que permitan a más niños, adolescentes y familias descubrir la alegría del Evangelio y asumir un papel activo en la misión de la Iglesia.

Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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