En Ciudad Bolívar, entre la fragilidad y la esperanza

A poco más de dos meses de haber asumido como vicario episcopal territorial de Santa Isabel de Hungría, monseñor Abelardo Gómez Serrano al tiempo que agradece a Dios Padre esta nueva misión pastoral “sorpresiva e inesperada”, manifiesta la alegría de poder acompañar este territorio con grandes desafíos sociales y pastorales.
“Aunque ya conocía algunas realidades de las parroquias de Ciudad Bolívar, para mí ha sido una sorpresa grande ese contraste entre la pobreza económica y la riqueza espiritual de las personas”, afirma.
Y es que, aunque en algunas zonas la extrema pobreza y diferentes formas de violencia son palpables, “es una comunidad llena de gente pujante, de gente que quiere seguir adelante, seguir trabajando, gente que vive y expresa su fe”.
Fortalecer la fe y dignificar la vida: horizonte pastoral
La Vicaría Episcopal Territorial Santa Isabel de Hungría, acoge pastoralmente el territorio de la localidad Nº 19 del Distrito Capital denominada Ciudad Bolívar (exceptuando los barrios Perdomo y Madelena que pertenecen a la Diócesis de Soacha). Esta localidad se encuentra al sur occidente de Bogotá y cuenta con cerca de 1 millón de habitantes.

En este territorio arquidiocesano han sido erigidas 31 parroquias, acompañadas por 35 sacerdotes. Apoyan pastoralmente diversas comunidades religiosas masculinas y femeninas, entre ellas: las hermanas dominicas y franciscanas, los padres Somascos y los padres salesianos.

La extensión geográfica y las limitaciones económicas en la zona plantean retos concretos para la vida pastoral. “Hay parroquias que tienen su templo, pero también capillas o celebraciones en salones comunales. El sacerdote va donde la gente lo necesita”, explica.
Esta dinámica revela una Iglesia en salida, que no espera, sino que camina de la mano de su comunidad: “en capillas humildemente erigidas estamos celebrando y acompañando”.
En esta línea precisa que “el principal reto es cómo formar a estas personas, no solo en la fe, sino en su crecimiento integral”.
La evangelización —afirma— debe abrir caminos concretos de dignificación: “no se trata solo de contenidos, sino de buscar cómo estas personas pueden salir de sus realidades y seguir adelante”.
“Queremos seguir caminando en busca de lo que Dios quiere: vivir la fe, expresarla y sentirnos felices sirviendo a los demás”, agrega.

“¡Con temor y temblor recibí este servicio!”
El nombramiento como vicario episcopal llegó de manera inesperada. Tras 17 años de ministerio como párroco y rector, este nuevo encargo significó un giro en su camino sacerdotal.
“No me esperaba esto… me he sentido muy feliz en mis parroquias”, recuerda. Sin embargo, en este tiempo ha descubierto la riqueza del nuevo servicio: “ha sido un trabajo bonito, muy significativo este acompañamiento a las parroquias desde mi propia experiencia”.
Con humildad, reconoce que sigue en proceso: “estoy aprendiendo y seguiré aprendiendo cada día”.
A los sacerdotes que ahora acompaña en este territorio les reitera su anhelo de cercanía y trabajo conjunto. “Soy un sacerdote más, caminando con ellos, acompañándolos (…) No es como una jerarquía de estar por encima de los demás, sino un sacerdote que camina con ellos y así lo quiero vivir, así lo hemos vivido y creo que así me han recibido”.
VET Santa Isabel de Hungría: una Iglesia pobre entre los pobres

Fue erigida en 2017 como fruto del proceso de renovación pastoral de la Arquidiócesis de Bogotá; segregada de la Vicaría Episcopal Territorial Espíritu Santo.
Inspirada en el testimonio de su patrona —reconocida por su cercanía con los más vulnerables—, esta vicaría encarna una Iglesia que se hace presente en medio de las realidades más desafiantes.
Desde su creación, ha consolidado comunidades de fe en barrios de rápido crecimiento, integrando también zonas rurales y acogiendo la riqueza de múltiples carismas religiosos.
A continuación, entrevista a monseñor Abelardo Gómez Serrano, actual vicario episcopal territorial:
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