Comunión y continuidad en el camino pastoral compartido

En su tercera edición y con la participación de más de 60 animadores de la evangelización, que acompañan procesos de infancia, adolescencia, juventud, familia y evangelización digital en diferentes espacios eclesiales dentro de la Arquidiócesis de Bogotá, se profundizó en la identidad cristiana, desde una pedagogía narrativa de la fe, apoyada en relatos bíblicos que iluminan el camino creyente; articulando la formación con el segundo trienio del Camino Discipular Misionero que sigue esta Iglesia particular.
“La fe comienza cuando reconozco mi sed”
“Este es un tiempo de gracias que, sostenido en la esperanza ya sembrada y fortalecida, nos impulsa reconocernos como bautizados, llamados y enviados a la misión en cada realidad concreta donde servimos”, precisó la hermana Magda Cruz, encargada de la Diaconía para la Esperanza, durante la apertura del encuentro realizado en la sede de esta diaconía, ubicada en la Cra. 13 # 68 – 50, localidad de Chapinero.
La religiosa agregó que “en este camino, resalta especialmente el ejercicio formativo en torno al Credo, que nos invita a redescubrir, comprender y profesar con mayor conciencia los fundamentos de nuestra fe, para vivirlos con coherencia en la vida cotidiana y en la misión”.

El Credo: síntesis fundamental de la fe cristiana
El momento formativo de la jornada fue liderado por la biblista Narda Eliana Caicedo Torres, animadora de evangelización de la Vicaría Episcopal Territorial Padre Misericordioso y por el sacerdote Pedro Nel Cancino, también biblista y miembro de la coordinación de animación bíblica de la Arquidiócesis, quienes profundizaron en la manera en la que el El Credo se presenta como una síntesis fundamental de la fe cristiana, elaborada desde los primeros siglos de la Iglesia para expresar de manera clara, breve y ordenada las verdades esenciales que todo creyente está llamado a conocer, profesar y vivir.
Es así como, explicaron, surge en el contexto de la Iglesia primitiva siendo una herramienta para transmitir lo esencial del Evangelio, especialmente en los procesos de catequesis y preparación al bautismo. De este modo, “permite que la fe sea comprendida, asumida y compartida por todos, incluso por quienes inician su camino cristiano”.
“El Credo cumple también una función formativa y de unidad, ya que recoge aquello que la Iglesia ha creído desde los apóstoles, ayudando a mantener la fidelidad a la enseñanza recibida y a evitar confusiones. En este sentido, se convierte en un punto de referencia común que une a los creyentes en una misma fe”, precisaron.

Grandes afirmaciones de la fe que orientan y fortalecen la misión
Siendo la oración que resume la fe que profesamos los católicos (profesar significa creer y confesar), “El Credo se constituye en base privilegiada para este tiempo pastoral orientado a nutrir la fe, ya que guía, fortalece y da profundidad al camino discipular, que como Arquidiócesis transitamos”, se insistió durante la fase formativa del encuentro, que fue además espacio de fraternidad, compartir de experiencias y ánimo en la misión.
Oración y envío misionero
La jornada finalizó con la santa misa, presidida por el padre Johnier Montoya, coordinador del Servicio Arquidiocesano de Evangelización de la Familia.
Tras reiterar la gratitud a estos servidores del Evangelio en la capital colombiana, el sacerdote destacó que “este espacio no solo articula esfuerzos, sino que anima a seguir caminando juntos, renovando el sentido del servicio compartido y fortaleciendo la identidad de una Iglesia en salida, que se encuentra, escucha, forma y acompaña en los contextos concretos donde viven las personas”.

En esta línea, insistió en que “la fe sin obras es una fe vacía, una fe débil, por tanto, necesitamos fortalecer nuestra fe constantemente. Preguntarnos permanentemente ¿cuál es la mirada que el otro tiene de mi con respecto a mi fe; ¿estamos viendo a los demás con los ojos del Señor, con misericordia, amor, servicio?; ¿estamos viendo en el otro al Señor?”. En esta revisión necesaria a nivel personal y comunitaria, “las actitudes del Camino Discipular Misionero nos impulsan a servir mejor, a vivir y nutrir mi fe en lo cotidiano”, aseguró.
Al cierre del encuentro, como signo de confirmación en la fe y envío misionero, se entregó a los animadores de evangelización la oración del credo y el santo Rosario.
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