El papa León XIV llama a proteger a los menores migrantes: “Es responsabilidad de todos”

A pocos días de la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Pontífice puso el rostro de niños y adolescentes en el centro de su llamado y pidió no permanecer indiferentes ante la violencia, la explotación y el sufrimiento que enfrentan en las rutas migratorias.
La realidad de los niños y adolescentes que viven la experiencia de la migración volvió a estar en el centro de la voz del papa León XIV. Al finalizar la Audiencia General de este miércoles 23 de septiembre, el Pontífice recordó la 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que la Iglesia celebrará el próximo domingo 27 de septiembre, y dirigió un llamado a la responsabilidad de todos frente a la situación de los menores que se ven obligados a abandonar sus hogares.
“Los niños y los adolescentes son los más vulnerables”, afirmó el Papa, al advertir que muchos de ellos enfrentan durante las rutas migratorias “penurias indecibles, violencia, torturas, explotación y condiciones traumáticas”, situaciones que, en numerosos casos, terminan incluso con la pérdida de sus vidas.
Ante esta realidad, León XIV hizo un llamado que trasciende las responsabilidades institucionales y compromete también a las comunidades y a cada persona: “Hago un llamamiento a la responsabilidad de todos. Que cada uno se sienta implicado en la vida de estos jóvenes, que deben ser siempre protegidos y asistidos”.

Una realidad que no puede reducirse a cifras
La preocupación del Pontífice se inscribe en el mensaje para esta Jornada Mundial, cuyo lema es “Incluso uno solo de estos pequeños”, inspirado en Mateo 18,5, y que sitúa la dignidad de cada niño y adolescente por encima de las estadísticas.
León XIV recuerda que millones de menores se ven obligados a abandonar sus lugares de origen a causa de guerras, pobreza, violencia, desastres ambientales y otras situaciones de sufrimiento. Algunos pierden a sus padres o familiares; otros emprenden los recorridos migratorios junto a ellos y quedan expuestos a condiciones extremas. También están quienes son separados de sus familias como consecuencia de procesos de repatriación. A estas situaciones se suman la trata, la explotación, la violencia sexual, los matrimonios forzados y otras formas de vulneración.
Frente a este panorama, el Papa insiste en que cada menor tiene una historia, un rostro y una dignidad que no pueden quedar reducidos a un número. “Incluso uno solo” significa, precisamente, que la respuesta de la sociedad y de la Iglesia debe comenzar por reconocer y proteger a cada niño concreto.
Una llamada a la Iglesia y a la sociedad
El mensaje de León XIV plantea también una responsabilidad para las comunidades cristianas. El Papa invita a transformar la hospitalidad en una práctica pastoral constante y a reconocer a los niños, adolescentes, migrantes y refugiados como miembros de pleno derecho de la comunidad eclesial.
Esto implica prevenir la soledad, el aislamiento y el rechazo; favorecer espacios de encuentro entre jóvenes migrantes y jóvenes de las comunidades que los reciben; y promover procesos educativos y espirituales que permitan una verdadera integración, más allá de una respuesta meramente asistencial.
Asimismo, el Pontífice llama a las instituciones públicas y privadas a colocar en el centro “la protección y la dignidad de cada niño y adolescente”, mediante mecanismos efectivos de protección, acceso a derechos fundamentales, reunificación familiar y medidas que eviten nuevas experiencias traumáticas.
El mensaje propone así un cambio de perspectiva: pasar de una mirada centrada exclusivamente en la gestión de los flujos migratorios a una respuesta que tenga como prioridad la protección integral de los derechos humanos, especialmente cuando están en juego los más vulnerables.
Una Jornada para mirar al migrante con otros ojos
La 112.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará este domingo 27 de septiembre, pone de esta manera a los menores en el centro de la reflexión de la Iglesia. Con el lema “Incluso uno solo de estos pequeños”, León XIV recuerda que la acogida no puede depender de la cantidad de personas que llegan ni de las estadísticas migratorias.
Desde esta perspectiva, proteger a un menor migrante no es solamente responder a una situación social o humanitaria: es también un gesto de humanidad y de fe, porque en cada niño la Iglesia está llamada a reconocer la presencia y la dignidad que Dios le ha dado.
Por eso, en vísperas de esta Jornada, el llamado de León XIV no se limita a las fronteras o a las rutas migratorias. Invita a abrir los ojos ante quienes llegan a nuestras comunidades, escuchar sus historias y generar espacios de protección, acogida e integración. Una tarea que, como recordó el Papa este miércoles, compromete a todos.
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