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#217016

Los tiempos son de "Dios"

25 de septiembre de 2026
Iglesia
Imagen:
OAC

El cardenal y arzobispo de Bogotá, Luis José Rueda Aparicio, junto con los obispos auxiliares, monseñor Edwin Vanegas, monseñor Alejandro Díaz y monseñor Germán Barbosa, y los cardenales eméritos, monseñor Jorge Jiménez y monseñor Rubén Salazar Gómez, tuvieron en la mañana del viernes 25 de septiembre, un encuentro fraterno de bienvenida con el nuevo nuncio apostólico en Colombia, monseñor Angelo Accattino.

En esta reunión, celebrada en la curia arzobispal, participaron también la comisión permanente del episcopado colombiano y los obispos metropolitanos, junto a los obispos de las diócesis que integran la provincia eclesiástica de Bogotá: Engativá, Facatativá, Fontibón, Girardot, Soacha y Zipaquirá, además del Obispado Castrense y el Exarcado Maronita. Luego de compartir la alegría de su llegada alrededor de un café, pasaron a la mesa eucarística para celebrar juntos la Sagrada Eucaristía.

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En este momento fraterno de reunión, antes de la celebración de la Sagrada Eucaristía, varios obispos manifestaron su alegría y dirigieron unas palabras de agradecimiento: 

Presidió la eucaristía el nuncio apostólico y concelebraron los cardenales colombianos. Monseñor Accattino expresó en su homilía: 

“Hay tiempo para muchas cosas y esta página de la Escritura, primera lectura  del Eclesiastés, nos dice que el tiempo no es nuestro; es una oportunidad que se nos da para hacer algo, pues no podemos pensar que podemos hacerlo todo. Cada uno debe juzgar en vida cuáles son los momentos más oportunos para hablar o callar, actuar o alejarse, y todo lo demás.

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El mundo necesita un poco más de sabiduría

“Esto debe recordarnos, en nuestro ministerio, que cada vez estamos más ocupados. Parece que todo el mundo se nos viene encima y nos damos cuenta de cuánto queremos que las cosas vayan como nosotros deseamos, pero los tiempos son de Dios. Muchas veces, en la diócesis o arquidiócesis, no pasan las cosas como esperábamos; por ejemplo, con las parroquias vacantes, hay que esperar, y eso una vez más nos dice que los tiempos son de Dios.

“Muchas veces, lo que en aquel momento nos pareció un fracaso o un tiempo perdido, con la sabiduría del tiempo nos damos cuenta de que fue un don de Dios y que de pronto abrió una puerta que estaba cerrada. Pero eso nos mantiene en la fe, nos pone a la escucha de Dios y nos permite actuar siempre con humildad. Si confiamos siempre en el Señor, Él actúa. Entonces, hace falta paciencia espiritual y tener el corazón abierto a la gracia del Señor.

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“El Evangelio nos interpela a nivel personal en el momento en que Jesús pregunta qué dice la gente  que soy yo?. Con frecuencia, tendemos a ofrecer muchas  respuestas. Pero la verdadera conversión ocurre cuando Dios nos interroga directamente: ¿Quién soy yo para ti?, En ese momento nos sentimos cuestionados, abriendo paso a una relación personal y profunda con Jesús. Ante esto, cabe preguntarnos cuáles son las palabras que definen este vínculo, con el Señor, y examinar el porqué y el cómo de su llamado en nuestra vida y quién es Jesús para mí. 

“Siempre hay tiempo para sentir la necesidad de estar juntos. La soledad humana y espiritual es un enemigo enorme para cualquier persona, y nos damos cuenta de que unidos nos sentimos más fuertes, más alegres y más a gusto; la unidad es un don de Dios importante. Siempre es tiempo de caminar juntos, pero eso no significa anular a las personas para que seamos uno solo; al contrario, en este caso es la diversidad la que enriquece la unidad. No hay que tener miedo de ser quienes somos y de dar lo que deseamos; es una unidad donde todos participamos y esto nos fortalece. Fortalece a la Iglesia, porque la Iglesia en Colombia es unidad y fuerza, y es muy respetada por la gente y las autoridades; la Iglesia y los pastores están bien formados.

“Nunca debemos olvidarnos de que la soledad puede atacarnos en cualquier momento. Todos somos pastores de almas, acostumbrados a guiar a los demás, pero no olvidemos que nosotros también somos ovejas del rebaño de Dios, y la humildad es esencial para poder entregar a los demás lo que tenemos”, Concluyó, el nuncio. 

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Vea a continuación Homilía completa: 

Fuente:
OAC
Oficina Arquidiocesana de Comunicaciones
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