Cardenal Rueda: “Cuando la paga es la misma, pero no el tiempo para disfrutarla


La celebración fue presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá, acompañado por varios sacerdotes del Opus Dei, que concelebraron la Eucaristía, entre ellos el padre Jorge Mario Jaramillo Echeverry, vicario del Opus Dei para Colombia y Ecuador.


Al iniciar la celebración, el vicario agradeció al cardenal su presencia en una fecha tan significativa. Lo hizo destacando el gesto de cercanía de quien había querido celebrar personalmente este aniversario con los fieles de la prelatura y con tantas familias y amigos vinculados a sus apostolados. Recordó además que precisamente en el centro histórico de Bogotá, a pocos pasos de la Catedral Primada, comenzó en 1951 la labor apostólica del Opus Dei en Colombia con la llegada del sacerdote español Teodoro Ruiz Jusué.
La homilía del Cardenal, estuvo marcada por las lecturas del domingo, especialmente por la parábola de los trabajadores de la viña narrada en Mateo 20, 1-16. El cardenal propuso una reflexión construida sobre tres ideas sencillas: “dos búsquedas, dos caminos y una sola paga”.
Primero habló de la búsqueda mutua entre Dios y los hombres. Mientras Isaías invita a buscar al Señor, el Evangelio presenta a un propietario que sale repetidamente a buscar trabajadores para su viña.
"Dios mismo sale a buscar a la humanidad", explicó el cardenal, subrayando que la historia cristiana es siempre la combinación de esas dos iniciativas: la del hombre que intenta encontrar a Dios y la de Dios que nunca deja de salir a nuestro encuentro.
A partir de allí situó a los asistentes dentro de una historia mucho más amplia. Los apóstoles, dijo, fueron los obreros de la primera hora; después llegaron generaciones de santos, mártires y cristianos corrientes, que trabajaron en la viña durante veinte siglos. Nosotros somos, en comparación, los obreros de la última hora. Fue precisamente al comentar la aparente injusticia de la parábola donde apareció una de las ideas que más llamó la atención de los asistentes.
"Alguien puede decir: ¿de qué vale esforzarnos durante 75 años o más tratando de buscar la santidad? Y yo quiero decirle al que lleva mucho tiempo en camino de Dios: dele gracias al Señor, porque usted lo ha disfrutado más que otros".
La reflexión arrancó sonrisas y asentimientos entre quienes llenaban la catedral. La respuesta cristiana al problema de la comparación no consiste en recibir más que los demás, sino en haber podido disfrutar durante más tiempo de la cercanía de Dios. El premio es el mismo para todos, pero quien empezó antes ha recorrido más camino junto al Señor.
La idea se enlazó con la espiritualidad propia del Opus Dei. El cardenal recordó que Dios sigue buscando obreros precisamente en los lugares ordinarios de la existencia: el trabajo profesional, la familia, la empresa, la universidad, la vida pública y los escenarios de comunicación.
"Sigan llevando la semilla del Reino a todos los escenarios", exhortó, invitando a que el mensaje cristiano llegue también a los espacios donde normalmente se toman decisiones que afectan la vida de las personas.

La conclusión de la homilía llegó de la mano de san Pablo y de una frase que el arzobispo presentó como síntesis de toda la liturgia dominical: "Lo importante es que ustedes lleven una vida digna del Evangelio de Cristo". Y cuando habló de la recompensa final, identificó claramente el denario de la parábola: "Para mí la vida es Cristo". La paga, explicó, no es otra cosa que el encuentro con Cristo mismo.
75 años de presencia del Opus Dei en Colombia
Al finalizar la celebración, el cardenal volvió sobre el aniversario para expresar una nueva felicitación a todos los que han participado en estos 75 años de presencia del Opus Dei en Colombia. Agradeció la labor de, familias, fieles laicos, y sacerdotes destacando que el carisma del Opus Dei ha ayudado a muchas personas a descubrir que el trabajo cotidiano también puede ser un camino de santidad.
Antes de impartir la bendición final, tuvo un gesto que no pasó desapercibido. Invitó a acercarse a los sacerdotes del Opus Dei presentes en la concelebración para que lo acompañaran a dar la bendición a todos los asistentes en ese último momento de la Eucaristía. Después, junto a ellos y a toda la asamblea, dirigió una oración a la Virgen María mediante el rezo del Ave María.

El cardenal aprovechó también las palabras finales para agradecer la generosidad de la arquidiócesis y de numerosas personas que han contribuido con ayudas destinadas a los afectados por los recientes terremotos en Colombia y Venezuela. Explicó que los recursos recogidos para Venezuela ya habían sido enviados a la Conferencia Episcopal de ese país y recordó que la solidaridad cristiana no conoce fronteras. En medio de las dificultades que viven muchas familias, animó a mantener viva esa corriente de ayuda fraterna y a seguir colaborando con quienes más lo necesitan.
La obra en Colombia
La celebración concluyó con una convicción sencilla, pero exigente. Después de 75 años de historia, la pregunta no parece ser quién ha trabajado más horas en la viña, sino cómo aprovechar el tiempo que todavía queda. Porque, como recordó el cardenal al interpretar la parábola recogida por San Mateo, el verdadero premio es el mismo para todos: Cristo. Y quienes llevan más tiempo caminando con Él simplemente han tenido más tiempo para disfrutarlo.
Al finalizar el cardenal pidió un aplauso para agradecer estos 75 años de presencia de la Obra en Colombia, un reconocimiento a tantas personas que, desde distintos ámbitos de la vida ordinaria, han procurado sembrar la fe y servir a la sociedad desde su trabajo y sus responsabilidades cotidianas. El aplauso resonó en la Catedral Primada como una expresión de gratitud por el camino recorrido y de esperanza ante los desafíos que vienen rumbo al centenario.

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