En el capítulo sobre la purificación del templo, del segundo libro sobre “Jesús de Nazaret”, del Santo Padre Benedicto XVI, se da una respuesta sobre si Jesús era de los zelotes judíos.
“Estando cerca la Pascua de los judíos, Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de novillos, ovejas y palomas, y a otros sentados en sus puestos cambiando dinero. Entonces hizo un azote de cuerdas y los expulsó a todos del templo, lo mismo que los novillos y las ovejas, y tiró al suelo las monedas de los que cambiaban dinero y les volcó las mesas. Y a los que vendían las palomas les dijo: Quiten esto de aquí. No sigan haciendo de la casa de mi Padre un mercado”. Sus discípulos se acordaron de que está escrito: “el celo por tu casa me devorará” (Sal 69 – Jn 3,14).
¿Qué es lo que hizo Jesús? ¿Qué quiso dar a entender con ello?
En la literatura exegética, según Benedicto XVI, se reconocen grandes líneas de interpretación. Una que considera un ataque a los abusos contra el templo; otra en contra de la praxis profundamente corrupta que se había convertido en “derecho” por la aristocracia del templo; otra considera que Jesús es un simple transformador que defiende los preceptos judíos de la santidad.
Llegamos a otra explicación, es la interpretación política-revolucionaria del acontecimiento: Jesús habría sido un revolucionario político de carácter apocalítico, habría sido arrestado y ejecutado por los romanos. Otra obra pone a Jesús en la línea del movimiento de los zelotes, que veía su fundamento bíblico en el sacerdote Pinjas, un nieto de Aarón. Pinjas traspasó con la lanza a un judío que se había juntado con una mujer adúltera. Fue considerado como modelo para los zelotes.
El movimiento zelota reconocía su origen concreto en la iniciativa del padre de los hermanos macabeos, Matatías, y las sucesivas guerras de los Macabeos. Colocar a Jesús en esta línea de zelos, de los zelotes, suscitó una oleada de teologías políticas y teologías de la revolución. Los terribles resultados de una violencia motivada religiosamente están a la vista de todos nosotros de manera más que sobradamente rotunda.
La violencia no instaura el Reino de Dios, el reino del humanismo, afirma Benedicto XVI. Por el contrario, es un instrumento preferido por el anticristo, por más que invoque motivos religiosos e idealistas. No sirve a la humanidad sino a la inhumanidad.
Pero entonces, continúa Benedicto XVI, ¿cuál es la verdad acerca de Jesús? ¿Fue tal vez un zelote? La purificación del templo, ¿fue quizás el principio de una revolución política? Toda la actividad y el mensaje de Jesús, desde las tentaciones en el desierto, su bautismo en el Jordán, el Sermón de la Montaña hasta la Parábola del Juicio final, y su respuesta a la confesión de Pedro se oponen decididamente a esa interpretación.
No. La insurrección violenta, el matar a otros en nombre de Dios no se corresponde con su modo de ser, su “celo” por el Reino de Dios fue completamente diferente. No sabemos, precisamente continúa Benedicto XVI, lo que se imaginaron los peregrinos cuando en la “entronización” de Jesús, hablaban del Reino que llega el de nuestro padre David.
¿Qué hay entonces del “celo” de Jesús? Sobre esta pregunta Juan, precisamente en el contexto de la purificación del templo, nos ha dejado una palabra preciosa que representa una respuesta precisa y profunda de la cuestión. Nos dice que, con ocasión de la purificación del templo, los discípulos se acordaron de lo que está escrito “El celo de su casa me devora” (Jn 2,17). Es una palabra tomada del gran Salmo 69, aplicable a la pasión.
Los discípulos han reconocido a Jesús al recordar al justo que sufre el “celo” por la casa de Dios, lo lleva a la Pasión, a la Cruz. Este es el vuelco fundamental que Jesús ha dado al tema del “celo”.
Ha transformado el “celo” de servir a Dios mediante la violencia en el celo de la cruz. De este modo ha establecido definitivamente el criterio para el verdadero “celo” del amor que se entrega. El cristiano ha de orientarse por este “celo”, en esto reside la respuesta auténtica a la cuestión sobre el “zelotismo” de Jesús.
Mons. Fernando Sabogal Viana, 09 de agosto de 2011