La independencia es un proceso que se debe construir. Somos constructores de una sociedad nueva donde la paz reine y se acepten las diversidades. La Iglesia y la sociedad civil se esfuerzan por un proyecto de paz, por construir caminos de convivencia.
Salir de la dependencia para celebrar la verdadera independencia es la tarea de la Asamblea episcopal y ojalá de los políticos, por encima de las telarañas de las candidaturas y búsqueda de poder, olvidando buscar la paz integral.
La construcción de una nueva sociedad debe contar con una realidad irreversible que es la de la “globalización” que todo lo cambia, a todos influencia e interviene en todos los aspectos aún en los más nimios de la realidad que nos circunda. Quien quiera actuar debe meterse directamente no solo con la política sino también con la economía y no basta ya que la cultura interviene y reclama lo propio, las comunicaciones se orientan de manera diferente colocando en problemas ante todo el valor de la solidaridad que es aquel con el cual poniendo el dedo en la llaga Juan Pablo II exigió se globalizara al mismo ritmo del mercado.
La sapiencia pontificia ha ahondado esta exigencia sabiendo que al hacerlo daba por una parte una nueva dimensión a la geopolítica, a la ética, a la urgencia de la paz.
Hoy se descubre que estamos viviendo novedades que nos exigen ser creativos; que han aparecido desafíos tales como aquellos de la sociedad civil y todas las posibilidades de organización y de acción que conlleva, donde aparece claro que la ética no se agota en las relaciones entre los individuos sino que al entrar al terreno del personalismo implican repensar el concebir ético frente a la ecología, frente a las formas de propiedad, frente a la bioética, frente a las generaciones que habitarán este continente en el futuro y sin dejar de olvidar que los valores que orientan el bien común no se agotan en la distribución y comunicación de los bienes sino que han de estar regidos por valores hace poco tan extraños como la sobriedad y la austeridad.
La globalización ha puesto de cabeza la realidad latinoamericana y demanda ahora ser mirada y analizada de una manera diferente.
Erróneamente se ha tomado como si el compromiso en el mundo laical de “Ser constructores de la nueva sociedad” fuera solamente a desplegarse en el terreno de la política y si bien ese es un campo privilegiado de la “construcción” no es el único ni siempre el más importante. Tan importante como la política es la familia, el arte de ser padres, tan importante es el ser maestro de escuela, docente del colegio o profesor universitario e indiscutiblemente investigador; tan importante es ser economista, generador de empresa y de empleo; tan importante es ser trabajador eficiente y creativo; tan importante es ser guardián o administrador de las instituciones; ser administrador de bienes que dejen caer sobre de la comunidad en beneficios consistentes tan importante como esto es ser lideres en el campo de la comunicación y de la formación de una sana opinión pública; tan importante es ser capaz dentro de la sociedad civil de controlar el Estado, el tiempo que se ofrecen nuevos puntos de vista para el análisis o la toma de dediciones; tan importante es avanzar en el dominio y progresión de la ecología y en la formación de esa conciencia que nos garantice la supervivencia; tan importante es escribir libros y textos parta discutir y hablar de ellos con las nuevas generaciones tan importante es, desde las fuerzas de seguridad poder ofrecer la tranquilidad de la paz que demandan las personas para ser felices.
Esto quiere decir que “los constructores” de la nueva sociedad que buscan la paz están por doquier y que es tarea de cada cual ir aportando al plan común lo que a nombre de nuestro Señor Jesús aspiramos a lograr los bautizados.
¿Cómo sabremos si el buen suceso nos acompaña? no es complicado. Ante todo tenemos la reflexión del Magisterio Eclesial: lograr “la globalización de la conciencia” que es la única que nos permitirá tener criterio firme para juzgar lo que hemos visto y actuar lo que debemos y construir una verdadera independencia recordando la maravillosa sabiduría del señor cuando dijo “por sus frutos los conoceréis”
Fuente: El Catolicismo
Mons. Fernando Sabogal Viana, 11 de julio de 2011