Sobre el total de la población mundial, alrededor de 600 millones de personas son mayores de 60 años. Cifra que se duplicará en el primer cuarto de siglo y llegará a dos mil millones hacia el 2050.
La adultez tardía con lleva una serie de cambios como cualquier etapa del desarrollo humano, hay pérdida de masa muscular, pérdida de tamaño y peso, problemas de visión y audición acompañados de algunas otras
dolencias. A nivel cognitivo poseen una valiosa sabiduría, una inteligencia pragmática, poseen capacidad de resolver problemas, es decir, las personas mayores son un valioso cúmulo de experiencia y conocimientos, que se podría aprovechar a favor de ellos mismos, siendo productivos, y a favor de la sociedad. No se debe desatender a esta población ni marginarla porque son potencialmente valiosos, las culturas orientales, que en la actualidad lideran la economía, respetan y valoran a sus abuelos puesto que en ellos está la base de lo que tienen en el presente.
La población adulta mayor en países en desarrollo aumenta como también aumentan los porcentajes de personas mayores que viven en la pobreza. Estudios de Helpage International, afirman que alrededor de 100 millones de ancianos viven con menos de un dólar diario y al mismo tiempo son discriminados de las acciones de los gobiernos puesto que se les considera como “desperdicio de recursos”.
En Colombia los adultos mayores sufren de abandono, desprotección estatal, desatención en salud, maltrato familiar, maltrato social y desatención por parte de las nuevas generaciones. Debido a que su dignidad como personas es ignorada dentro de su propio núcleo familiar, a la carencia de recursos propios, a la falta de planes de atención tanto para su bienestar físico como para su bienestar emocional, muchos de ellos se sienten en total marginación social.
A partir de la Ley 100 de Seguridad Social en Salud, la cobertura para la atención a la salud de la tercera edad ha aumentado en el Plan Obligatorio, POS. Se debe reconocer los avances que trajo la ley como la prevención de los factores de riesgo y detección temprana de las principales patologías del anciano, al igual que educación pertinente sobre auto cuidado en el proceso de envejecimiento. Otras entidades como el Ministerio de Protección Social, el Fondo de Solidaridad Pensional, la Red de Solidaridad, etc, luchan por defender el respeto a los derechos humanos de los ancianos. Pero no por esto la cobertura de protección del estado logra satisfacer las necesidades de esta población vulnerable. Los ancianos todavía son víctimas del maltrato, desplazamiento, muchos de ellos carecen de seguridad social, muchos de ellos no tienen conocimiento sobre las Instituciones a las cuales pueden acudir, algunos de ellos se ven en las calles durmiendo a la intemperie y algunos se encuentran viviendo en un ancianato víctimas de la soledad y el abandono. Para las mujeres de la tercera edad, la situación es todavía más angustiante. El porcentaje de viudas es el triple del de los hombres. Esta condición, unida a la menor participación económica de las mujeres, a su elevado índice de analfabetismo incide en una mayor vulnerabilidad , marginalidad y pobreza.
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Naciones Unidas elaboró un Plan Internacional de acción a favor de la adultez tardía que recomienda: participación, realización personal, independencia, atención y la decisión de dedicar el 1 de octubre de cada año a una Jornada Mundial para pensar y trabajar a favor del anciano trabajando por una sociedad multigeneracional que considere los considere como agentes y beneficiarios del desarrollo.
Enseñanzas de la Iglesia sobre la Adultez tardía
“Honra a tu padre y a tu madre”
“Quien desampara a su padre es un blasfemo, un maldito del Señor quien maltrata a su madre”
El Papa Juan Pablo II afirmó: “La Iglesia es, de hecho, el lugar donde las distintas generaciones están llamadas a compartir el proyecto de amor de Dios en una relación de intercambio mutuo de los dones que cada cual posee por la gracia del Espíritu Santo. Un intercambio en el que los ancianos transmiten valores religiosos y morales que representan un rico patrimonio espiritual para la vida de las comunidades cristianas, de las familias y del mundo. La vida se debe respetar en cada etapa como un bien inalienable y sagrado”. Del mismo modo exhortó a los ancianos a no dejarse desanimar por el culto a la juventud, a ser capaces de captar el significado de la vejez en el ámbito humano y de la fe que enseña a situar esta etapa en el marco de un designio preciso de Dios que es amor, viviéndola con serenidad y dignidad, como una etapa del camino por medio del cual Cristo nos lleva a la casa del padre.
La adultez tardía tiene los siguientes carismas propios que deben ser aprovechados por la sociedad, los cuales la Iglesia no desconoce sino acoge para enriquecer a la comunidad:
Gratuidad: No tienen el sentido económico de la juventud, piensan en el servicio.
La memoria: Poseen sentido de la historia, de las causas y las consecuencias de los sucesos que marcan la sociedad.
Experiencia: Invaluable para la juventud que comienza
Interdependencia: En un mundo individualista, los ancianos recuerdan al hombre como ser social, necesitado de relaciones.
Visión compleja de la vida: Alejados de afanes, muestran el valor de la sencillez, de la contemplación, del tiempo propio, de los valores afectivos, morales y religiosos, recurso indispensable para la construcción de sociedades justas.
Mediante la palabra y la oración, pero también con las renuncias y los sufrimientos que la edad avanzada lleva consigo, los ancianos han sido y siguen siendo siempre testigos elocuentes y comunicadores de la fe. Es en esta etapa de la vida cuando hay mayor disposición para encontrarse con Cristo, cuando se enfrenta el ser humano con su propia fragilidad, cuando el hombre se hace un balance sobre el cumplimiento de su propio proyecto, una vida lograda produce satisfacción y sobre todo cuando la fe en la continuidad de la vida suaviza la visión de la muerte inminente.
“El hombre es intrínsecamente amoroso, es una realidad amorosa...En la medida en que se ama, se necesita seguir viviendo o volver a vivir después de la muerte para seguir amando:” Julián Marías
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Claudia Patricia Girón Bernal. Especialista en Desarrollo Personal y Familia, 21 de septiembre de 2007