Ricardo Ericsson dos Santos, “Kaká”: Genio y fútbol. Estrella del Milán, finalista de la liga de campeones, centrocampista de la verde-amarela. El joven de 25 años que gana millones de euros al año, el brasileño de la familia acomodada, el rostro simpático y el atractivo natural. A los ojos del mundo, Kaká lo tenía todo y estaba en posición como para pedir “una novia a la carta”: Alta, rubia, modelo o quizá cantante…
-¿Por quién te decides Kaká?
Nada. Es totalmente distinto el primer requisito que pidió
Kaká:
-Una mujer íntegra con quien pueda vivir la virginidad.
-¡¡¡¿¿¿Qué???!!!
Pocos le comprendieron y sin embargo hoy Kaká está felizmente casado con alguien que quiere vivir lo que vale la pena.
Pero, ¿por qué esta celebridad prefirió ser criticado antes que traicionar sus principios? ¿Merece la pena jugarse la fama por defender la virginidad?
O Kaká es un tonto persignado o nosotros no tenemos ni idea de lo que es el amor, el noviazgo y mucho menos la virginidad.
El respeto a la virginidad no existe sin un amor maduro, sin la tensión de dos personas que se sienten tan profundamente atraídas que respetan la frontera del cuerpo para entregarse totalmente en el matrimonio. Esta donación radical busca liberarse de los “engaños del egoísmo”, escondidos bajo el prisma del placer por el placer, del subjetivismo de los sentimientos y el narcisismo de los sentidos. Y conste que no son malos ni el placer, ni los impulsos del cuerpo. Pero ¡cómo vienen empobrecidos cuando no se someten a un valor más alto, a la transparencia del amor!
Lo dijo tan bien Woityla filósofo que merece le pongamos la frase entera: “Ser casto, ser puro, significa tener una actitud "transparente" respecto a la persona del sexo diferente. La castidad es la "transparencia" de la interioridad, sin la cual el amor no es amor”.
Caso típico: Una pareja joven, cuatro o cinco años de noviazgo, se adoran, se aman y además planean casarse muy próximamente. En este caso daría igual esperar hasta el matrimonio para comenzar una vida sexual activa ¿no?
¡Pues no da igual! Son muchas las parejas que como Kaká apuestan por esta “transparencia” y no quieren estropear su encanto. Son honestos y saben muy bien que el sexo no es un medio para el placer, sino una forma de expresar el clímax del amor responsable, que se alcanza solo en el compromiso del matrimonio. Saben que el sexo es así de hermoso y elevado por estar reservado para engendrar una vida, es sublime y por ello pro-creativo.
Por eso virginidad es autenticidad, coherencia, transparencia. Virginidad me sabe a aire fresco, agua cristalina, amor puro. Virginidad es mirar a los ojos del otro y poder decir: “antes que desear lo mejor de ti, te deseo lo mejor a ti”. ¡Qué hermosa canción entonan los corazones que la acogen, las parejas que la experimentan! Claro, la virginidad no la entenderán todos tal como predestinaba Gar Mar: “Lo saben bien los que tienen mucha alma; y no pueden saberlo los que tienen mucho cuerpo. Las atracciones del amor son más intensas entre dos almas que entre dos sexos”.
Esta melodía alcanza un punto álgido en una imagen. La de dos padres que cogidos de la mano contemplan a su primer hijo y con los ojos mojados le expresan un: “Gracias por enseñarnos a amar plenamente, a purificar nuestra unión, a elevarla. En ti, hijo, ha valido la pena la espera”.
¿Suena bonito, no? ¿Pero cómo lo vivo si…? Si virginidad y modernidad hoy parecen términos contradictorios, si el entorno es un violento campo minado, si se reduce el sexo a “la pruebita del amor”.
Una vez más, la Primera clave será enarbolar bien alto este valor del amor. No parece ninguna “prueba dura” decir: “te querré esta noche”. Verdadera prueba es empeñar la vida, donarse con desinterés y para siempre.
Segunda clave: la templanza. Esta no es un tractor triturador de tendencias, es más bien canal y vía. La templanza deja algo claro: en la obediencia ciega a los instintos y los placercillos no está la felicidad humana sino sólo su reducción. La razón y la voluntad conducen a buen puerto, los caprichos al naufragio.
Tercera clave: amor a Cristo. Lo pongo así, con todas sus letras, tal como lo dijo el cronista del “Canal más” refiriéndose a Kaká. El Señor no sólo da el modelo; también da su Gracia. Por ello la plegaria: “¡Dios mío, vigoriza y esclarece mi voluntad! ¡Jesús, bríndame tu fuerza!”.
Virginidad como transparencia ¡Ya que sólo en la claridad se descubre el auténtico amor.
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