El cuarto domingo de la Pascua contemplamos la figura de Cristo Buen Pastor y celebramos la jomada de oración por las vocaciones.
Nosotros como comunidad creyente acogemos las palabras de Jesús de rogar al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies, ya que la mies es mucha y los obreros son pocos.
El cuarto domingo de la Pascua contemplamos la figura de Cristo Buen Pastor y celebramos la jomada de oración por las vocaciones.
Nosotros como comunidad creyente acogemos las palabras de Jesús de rogar al dueño de la mies para que envíe obreros a su mies, ya que la mies es mucha y los obreros son pocos.
“Vivimos tiempos difíciles y situaciones que impiden que muchos jóvenes puedan escuchar la voz de Jesús; existen situaciones que parecieran presentar poco atractiva la figura del sacerdote. Reconocemos que algunos pastores han causado tristeza y desánimo a sus fieles por su comportamiento, y por ello pedimos perdón al Señor y fidelidad decidida de sus ministros. Comprendemos también que es fácil exigir a los demás, y en particular al sacerdote a quien con frecuencia se le pide demasiado y se le critica sin piedad”.
El Evangelio trata de describir la conformidad de los sacerdotes pastores con Jesús. Incluye ante todo, obediencia al mandato de Jesús. Lo mismo que la antigua alianza conllevaba una ley, también la nueva alianza, sellada con la sangre de Cristo, lleva aparejada una ley nueva.
Jesús revela la clara voluntad de asociar a los hombres a la misión que Él ha recibido del Padre. Jesús tiene, por tanto, estima y confianza en la libertad humana, que es llamada a colaborar en el anuncio del Evangelio.
Pero se trata justamente, de llamada, de asociación, de colaboración. Los sacerdotes pastores tienen que hacer lo mismo que Jesús. Es Él quien los elige libremente y los envía.
Los sacerdotes pastores deben apuntar al Reino, la voluntad amorosa y misericordiosa de Dios está aquí en medio de los hombres, para curar, perdonar y traer la paz. El nuevo estilo comporta algunas actitudes claras e irrenunciables.
Se recomienda una atención preferente una ternura activa para los enfermos, los pobres, los leprosos, los endemoniados.
El poder de Jesús de hacer milagros se extiende a los sacerdotes pastores, pero sobre todo, se extiende a ellos la compasión de Jesús a favor de la gente necesitada y que sufre.
El comportamiento del sacerdote pastor debe inspirarse en la sobriedad, en lo esencial, en la austeridad en cuanto al alimento, el vestido, las necesidades ordinarias y las relaciones interpersonales.
La misión del sacerdote pastor debe desarrollarse en un clima de gratuidad y de disponibilidad. Los sacerdotes pastores han de estar dispuestos a darlo todo sin pedir nada a cambio.
La medida suprema de la pobreza y de la disponibilidad, del sacerdote pastor, está en la capacidad de soportar la oposición y el rechazo.
El sacerdote pastor debe contar con sufrimientos persecuciones, al modo de la suerte que corrió su Maestro.
En la Iglesia sacramento, toda vocación hace de la persona un signo o expresión de Cristo. El sacerdote pastor es signo de Cristo Cabeza, Sacerdote y Buen Pastor, hasta poder obrar en su nombre.
Bajo esta idea y realidad de signo y con relación a la sacramentalidad de la Iglesia, a la luz del Vaticano Segundo se puede resumir que el sacerdote pastor es:
-Signo de Cristo Buen Pastor, en cuanto que participa de su misma consagración y misión.
-Signo de su palabra, sacrificio, acción salvífica y pastoreo, en equilibrio de funciones.
-Signo de comunión eclesial con el Obispo, con los otros sacerdotes, con todo el pueblo de Dios.
- Signo de caridad universal y máximo testimonio del amor.
- Signo viviente de sintonía con los sentimientos y actitudes del Buen Pastor, como su instrumento vivo.
- Signo de sus virtudes (obediencia, castidad, pobreza) como concretización de la caridad pastoral.
- Signo potenciado constantemente por los medios comunes y peculiares de santificación y de acción pastoral.
La debilidad del signo eclesial (también en el caso del sacerdote pastor) queda superada por la presencia, el amor y la fuerza de Cristo Resucitado. La conciencia de la propia debilidad y de la gracia de Cristo hace posible una actitud de fidelidad que convierte al sacerdote pastor en testigo, transparencia y signo eficaz.
El sacerdote, como signo del Buen Pastor, se hace encontradizo con los hermanos para transmitirles el mensaje de salvación. Conocer las ovejas y ser conocidos por ellas no se limita a saber de las necesidades de los fieles. Conocer es involucrar el propio ser, amar como quien vino no a ser servido sino a servir. La vida del sacerdote pastor es como la del Señor “pasó haciendo el bien”.
Fuente: El Catolicismo
Monseñor Fernando Sabogal Viana, 15 de mayo de 2012