Nos hemos declarado férreamente la guerra y ya no se oyen voces de perdón y amistad, sino furiosas voces que claman venganza. Y sabemos que la venganza es el camino más lejano para llegar a la paz.
Solo aquellos que han sufrido en carne propia los atafagos de la violencia, del secuestro o de cualquier otra forma de agresión son capaces de entender en su verdadera dimensión el mandato supremo del perdón. Pues son ellos entre los más, los primeros llamados a mostrar su amor por los demás, en especial por aquellos a quienes se llama enemigos, que en realidad son los más necesitados de su compasión.
y es que en verdad el perdón verdadero es luz mientras que el odio no es más que oscuridad. Y Colombia toda, con expresiones como las del jueves 5 de julio, ha dicho reiteradamente que quiere la paz, que quiere el perdón, que desea volver a la luz.
y volver a la luz demanda sobre todo que todos y cada uno reflexione y se comprometa a trabajar arduamente por hacer que el prójimo, sin importar si es amigo o enemigo, también vuelva al buen camino, como el hijo pródigo. Pero éste no va a volver si de antemano sabe que no va a encontrar una mano amiga extendida, sino la violencia del verdugo, del otro que, a fuerza de odiarlo, ya lo ha convertido también en su enemigo.
Creo que es ahí en donde estamos. Nos hemos declarado férreamente la guerra y ya no se oyen voces de perdón y amistad, sino furiosas voces que claman venganza. Y sabemos que la venganza es el camino más lejano para llegar a la paz. La venganza es ni más ni menos que el recomienzo matutino de la guerra. Parece como si se nos hubiera olvidado el "perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden" del Padre nuestro que rezábamos en la escuela todas las mañanas tomados de la mano.
o peor aún, nos hemos dejado enceguecer de indolencia y ya no nos duelen el dolor y las penas de los otros. Nos hemos aferrado a nuestra verdad y queremos que sean los demás los que cambien, como si la nuestra fuera la única opción posible de solucionar las cosas.
Por eso, así como lo dicen muchos colombianos en las calles, tenemos que encontrarle, porque es posible, una solución al drama de los secuestrados.
Me parece que ha llegado el momento de pasar de los acuerdos unilaterales a los acuerdos multilaterales.
La libertad de los secuestrados no puede depender solamente de la posición unilateral de un actor, ni de una decisión entre los dos actores enfrentados, sino que más bien debe ser producto de una acción multilateral en la que participen, entre otros, las familias de los secuestrados, las organizaciones de derechos humanos (las de izquierda y las de derecha), la sociedad civil, los partidos y algunos organismos internacionales, así sea solo en calidad de invitados.
Y es que no puede creerse que solo la solución A (no al despeje) o B (sí al despeje) sean las únicas posibles. Es necesario que se reconozca que puede haber eso que alguien hubo de llamar la tercera vía, la vía de la sociedad civil como coautora del devenir de la Nación.
Finalmente, no debe olvidarse que el dilema no se reduce a que el Estado ceda o no, sino a que el Estado, como protector de los intereses de todos, sea capaz, con la ayuda de todos, de encontrar una vía que les garantice la vida a todos sus súbditos. Si no puede hacerlo, aunque no ceda, ya habrá perdido. Yeso, exactamente es lo que hace grandes a sus adversarios.
* V J Romero es autor del libro La sombra en el espejo, un poema-relato publicado por Editorial San Pablo, Bogotá, 2007.
V J Romero / Periodista / Original para www.elcatolicismo, 13 de agosto de 2007