Un buen presidente de la República no es suficiente para gobernar el país. Conformar un Senado y una Cámara de Representantes que apruebe leyes necesarias y de acuerdo al sentir nacional es tan importante como elegir al Primer Mandatario.
Debemos tener presente que Colombia es una Nación democrática, organizada con tres poderes: El Ejecutivo, asumido por el Presidente y su gabinete de ministros; el Legislativo, que en nuestro caso es bicameral: Senado y Cámara de Representantes, y el Judicial, encargado de administrar justicia en la sociedad, mediante la aplicación de las normas jurídicas.
Las elecciones de Senado y Cámara, previstas para el 14 de marzo, exigen una alta responsabilidad de los ciudadanos. Es necesario participar con el voto. Es en el Senado, como en la Cámara de Representantes, en donde se tramitan las leyes, que de acuerdo con la Constitución y con el querer ciudadano, determinan los caminos para la Nación.
El poder para legislar, propio de estas corporaciones, creará leyes que afectarán la vida, la salud, la educación, el trabajo, la familia, los bienes materiales, el patrimonio cultural y hasta la libertad religiosa de los colombianos. Un ciudadano que ha entendido la importancia del Senado y la Cámara participará en estas elecciones eligiendo personas idóneas, coherentes con la fe y los valores que profesa.
Se han presentado candidatos que dicen llevar la bandera de defensa de la unidad familiar, la vida desde la concepción hasta su muerte natural, el derecho a la educación de acuerdo con las creencias de los padres, etc., personas cuya trayectoria política se puede verificar por medio de los observatorios creados para vigilar el voto de senadores y representantes. Pero también se presentarán aquellos que saben mezclar sus intereses personales con temáticas atractivas para la ciudadanía y terminarán beneficiándose económica y políticamente; sólo se acordarán de sus electores en los próximos comicios.
No es fácil para un ciudadano de a pie elegir un senador y un representante, en medio de los centenares de candidatos, cuyo origen y pretensiones finales ignoramos. Tal vez por ello es que estos votos se amarran con prebendas, aprovechándose de las necesidades de pan, empleo y hasta beneficios comunitarios de los ciudadanos menos instruidos.
En ese sentido la Conferencia Episcopal de Colombia, en su asamblea del pasado mes de febrero recordó a los ciudadanos que “se trata de ejercitar nuestra conciencia ciudadana en la escogencia de personas que, por sus calidades éticas y competencias profesionales, estén dispuestas, como nuestros próceres, a comprometerse en la búsqueda de caminos que conduzcan a la justicia, la fraternidad y el bienestar de todos los ciudadanos”.
Importante fallo de la Corte
La Constitución de Colombia no es sagrada, pero sí es el marco jurídico que garantiza la estabilidad de las instituciones y el orden de la Nación. Los miembros de la Corte Constitucional, cuya función es la vigilar que se cumpla la llamada Carta Magna, y que emitieron su voto sobre el Referendo que le abriría la posibilidad a un tercer mandato al actual Presidente, Álvaro Uribe, dejaron en claro un mensaje: que tanto procedimientos como fines con los cuales se tramitó el proceso no respetaron ni las normas ni el espíritu de la Constitución. El fin no justifica los medios.
Más allá del sentir de un considerable número de ciudadanos, que deseaban al presidente Uribe en el poder durante un periodo más, se ha recordado que la democracia implica también respeto a las leyes, apertura a la posibilidad de nuevos gobernantes y que el caudillismo no es la respuesta a las necesidades del país. La participación de todos los ciudadanos y la construcción conjunta con las diferentes fuerzas políticas en todo el territorio nacional, será la que haga crecer este país, que invoca a Dios en el Proemio de su Constitución.
Fuente: El Catolicismo
Víctor Moreno, Pbro., 04 de marzo de 2010