La V Conferencia en Aparecida mira positivamente y con verdadera empatía las distintas formas de cultura presentes en nuestro continente; sin embargo, la Misión Continental exige coraje y espíritu profético ante la diversidad de culturas.
La cultura, en su comprensión más extensa, representa el modo particular con el cual los hombres y los pueblos cultivan su relación con la naturaleza y con sus hermanos; con ellos mismos y con Dios, a fin de lograr una existencia plenamente humana.
Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural. Se desvanece la concepción integral del ser humano, su relación con el mundo y con Dios: aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo.
La V Conferencia en Aparecida mira positivamente y con verdadera empatía las distintas formas de cultura presentes en nuestro continente; sin embargo, la Misión Continental exige coraje y espíritu profético ante la diversidad de culturas.
Francisco Merlos describe algunos rasgos característicos de las culturas en nuestra época:
- “Una sociedad agresiva”, que, en forma oculta o descarada, atenta contra lo más íntimo de nuestra personalidad: convicciones, valores, criterios, creencias; en una palabra, todo lo que tenga el sentido profundo de la vida. Por otro lado, es enormemente “ambigua” pues en ella todo tiene cabida: las verdades a medias, las mentiras disfrazadas de verdad, las simulaciones, las hipocresías, los chantajes de todo tipo, que se asumen como moneda corriente y como filosofía de vida para conseguir el éxito, incluso pasando por el cadáver del otro.
- “Vivimos en una sociedad contradictoria” como el mismo ser humano que es lo más contradictorio que existe en el planeta. ¿Por qué? Porque mientras unos mueren a causa de comer demasiado (de indigestión), otros mueren porque no tienen que comer (de hambre); mientras unos tienen todas las oportunidades, a otros les dan con todas las puertas en las narices.
- “Una sociedad de cambios tan vertiginosos que ya no nos da tiempo de asimilarlos. Nos sentimos a veces extraños en nuestra propia tierra”.
- “Una sociedad escéptica” que está perdiendo la fe en todos y en todo. No hay liderazgos creíbles, no hay proyectos confiables, tenemos instituciones que cada día se pierden en el desprestigio.
- “Una sociedad irreverente”, que todo lo pone en tela de juicio y todo lo cuestiona, desde la autoridad, la fidelidad y la honradez, hasta las fuentes de la vida que en otras épocas solo pertenecían a Dios. Una sociedad desencantada, que no encuentra puntos de referencia para continuar construyendo un mundo con sentido.
Sin embargo, el anuncio del evangelio no puede prescindir de la cultura actual. Ésta debe ser conocida, evaluada y en cierto sentido asumida por la Iglesia, con un lenguaje comprendido por nuestros contemporáneos. Solamente así la fe cristiana podrá aparecer como realidad pertinente y significativa de salvación. No obstante, éste patrimonio cultural cristiano se ve confrontado con las culturas actuales, que presentan luces y sombras.
La misión de anunciar el evangelio integralmente en nuestros días exige una postura crítica para descubrir lo que es la cultura del fruto de la limitación humana. Ella presenta muchos y sucesivos cambios provocados por nuevos conocimientos y descubrimientos de la ciencia y de la técnica. De este modo, se desvanece una única imagen del mundo que ofrecía orientación a la vida cotidiana. Recae, por tanto, sobre el individuo toda la responsabilidad de construir su personalidad y plasmar su identidad social.
Muchos católicos se encuentran desorientados frente a este cambio de culturas. Compete a la Iglesia denunciar claramente estos modelos antropológicos incompatibles con la naturaleza y dignidad del hombre. Es necesario presentar a la persona humana como el centro de toda la vida social y cultural, resaltando en ella: la dignidad de ser imagen y semejanza de Dios. La fe cristiana nos muestra a Jesucristo como la verdad última del ser humano.
Los cristianos con los talentos que han recibido, talentos apropiados, deberán ser creativos en sus campos de actuación: el mundo de la cultura, de la política, de la opinión pública, del arte y de la ciencia.
El encuentro de la fe con las culturas permite que desarrollen sus virtualidades, las enriquecen. Pues todas ellas buscan en última instancia la verdad que es Cristo. Así la Iglesia ayuda a los fieles cristianos a vivir su fe con alegría y coherencia.
Fuente: El Catolicismo
Monseñor Fernando Sabogal Viana, 03 de noviembre de 2009